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miércoles, 3 de marzo de 2021


 

Primera noche

Las noches de Francia no son como las del desierto de Argelia o Túnez o como las de Italia. Las noches de Francia son más frías, más húmedas y están llenan de ruidos. La artillería naval ataca posiciones donde alguien deseoso de medallas ha localizado concentraciones enemigas; los aviones nocturnos sobrevuelan los cielos y uno no saben si son de ellos o de los otros, o de los alguno que no es capaz de distinguir a los unos de los otros; y los cazacarros toman posiciones para el inevitable contraataque alemán.

El sargento Rogers divide a los supervivientes en dos grupos: unos vigilan y los otros descansan, nadie duerme, pero es gracias a su paranoia que descubren a unas tropas de cascos redondeados infiltrándose en los suburbios de la ciudad. Podrían esperar a que amaneciera, pero no, Rogers levanta a la Sangrienta Siete y con ello a toda la compañía y sin esperar órdenes asalta las casas ocupadas.

Bengalas en el cielo, disparos a oscuras y ruido, mucho más ruido. En unos instantes, la zona se ilumina con los fogonazos de la artillería, con el retumbar de las granadas y en todo este caos, los hombres de la 1ª división ven a la Sangrienta Siete asaltando casa a casa, disparando habitación en habitación, liberando Francia palmo a palmo.

Cuando por fin logra llegar a la posición avanzada, el capitán interroga a Rogers por su comportamiento:

-No nos dejaban dormir, señor -fue su sencilla respuesta.

Al amanecer, los alemanes inician el contraataque. Han reunido varios carros de combate y varias dotaciones de infantería que avanzan protegidos tras ellos. La artillería les ataca, pero no le frena, pero cuando llegan a distancia de tiro, de las casas que debían estar ocupadas por sus avanzadillas dándoles cobertura, solo surge el fuego de los cañones de los Wolverine M-10.

-¿Tienen nombre de superhéroes, verdad? -afirma Gonzalez mientras guarda el número 39 del capitán américa en su petate. El número en el que el héroe y su fiel compañero Bucky dan cuenta del arponero fantasma en un homenaje nada disimulado de Moby Dick.

 

 

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«Fuera de nuestras fronteras solo hay dos clases de naciones: las que respetan nuestro esfuerzo y las que lo envidian.»

Presidente Ayala