Número: 219.     4ª época.     Año XXI     ISSN: 1989-6289

219 > Aventuras > Semillas > Morir en la orilla (RN). Por: Francesc Almacelles

 

Morir en la orilla

Semilla de aventura para Rol Negro

Marcos Saavedra era ese chaval que, intermitentemente, se unía al grupo. Durante esos periodos estaba largos ratos con vosotros, de pub en pub, de juerga en juerga, de problemillas en problemillas. Y si no era uno más, también era posible encontrarlo en cualquier lugar o garito que visitarais en la procesión de cada fin de semana.

Luego, según le venía, se podría decir que desaparecía del ambiente nocturno. Para, al cabo de unas semanas largas, volver a aparecer en vuestras vidas.

Era una persona de gran corazón, atento a poder ayudar en lo que fuera. Deportista nato desde que lo conocisteis. Y saltando de trabajo en trabajo, pero no porqué lo despidieran. No. Era un alma libre y siempre dispuesto a buscar donde fuera más feliz.

El mar, el agua, era su pasión. Y tanto lo podías encontrar en verano como socorrista en la playa o en algunas de las piscinas comunitarias que abundan en Cunia. O, dado el caso, se podía encontrar disfrutando del windsurf.

También ejercía de portero en discotecas o en pubs de renombre. O hasta de reponedor en algún supermercado de categoría. Lo dicho, no le hacía ascos a ningún trabajo, la cuestión era estar el tiempo apropiado donde fuera disfrutando del momento. Ello conllevaba que no fuera boyante en el tema monetario, pero no parecía preocuparlo. Era capaz de ayudar económicamente a quien lo necesitara, aunque se tuviera que apretar el cinturón.

La última vez que lo visteis, a cierta distancia, os chocó que condujera un señor coche y le acompañara una joven que no pasaba desapercibida. Las relaciones con el otro sexo no parecían importarle en demasía. Se le notaba mucho más feliz cuando estaba con un buen grupo de gente, disfrutando del momento.

Desde esa lejanía os saludó y os gritó que cuando, al poco coincidierais de nuevo, os explicaría cosas nuevas de su vida. Todo ello acompañado de esa sonrisa suya, casi de bebé, tan característica.

Así que, cuando dos días después os enterasteis que lo habían encontrado muerto por la mañana en la escollera de puerto la noticia os conmocionó. Se dijo que la tarde anterior, bien entrada esta, había salido a practicar windsurf. Y que algún golpe de aire o corriente lo había acercado en demasía al rompeolas y había impactado contra este.

Esta explicación, conociéndolo como lo conocíais, no os la tragabais. Él, un experto en todo lo que tuviera que ver con el mar, no hubiera cometido tales errores.

Estaba claro para todos que algo raro debía haber pasado. Y no dudarías en saber qué y poner los puntos sobre las íes. Un amigo es un amigo. Y más Marcos.