Exo
 Ayudas
    Afición (64)
    Ambientación (297)
    Reglas (197)
    Equipo (239)
    Sucesos (213)
      Tramas
    Aventuras (144)
    Preg./Resp.
 Productos
 Enlaces
 





Licencia Creative Commons para el texto de la web (quedan excluidas de la licencia CC las ilustraciones)


miércoles, 24 de febrero de 2021


 

EXPEDICIÓN MALOGRADA

Autor: Ezekiah Grimme

El frío de la noche se hacía evidente en cada bocanada de aire que exhalaban. Miguel Santos, subido en un pequeño promontorio, observaba con sus prismáticos de visión nocturna alguna señal que indicase su posición. Hacía un par de días que la baliza de posición se había estropeado, y los comunicadores no servían de mucho, ya que llevaban tiempo sin oírse respuesta alguna. Por cuarta vez barrió con la mirada la zona, sin éxito. Bajó lentamente las manos, y con paso pesado y agotado, camino al encuentro de sus dos compañeros. Unos metros más abajo, estaba, Kendrall, y McAllister, a quien todos en la flota, (aquellos que la conocían), la llamaban "el ángel de hielo" si tenían un día especialmente bueno, o eran sus amigos que intentaban fastidiarla, o si por el contrario estaban de malas o no habían conseguido lo que se proponían, "esa maldita frígida". En esos momentos, estaba arrodillada, tratando de poner un trapo húmedo en la frente de Kendrall, quien a duras penas conseguía mantener un ritmo de respiración regular y pausado. Santos sintió lástima por el crelin, ya que en cierto sentido, el había tenido la culpa de su estado actual.

¿Cómo va eso, campeón?- dijo en cuanto se acercó lo suficiente. Intentaba sonar por lo menos una cuarta parte de lo preocupado que realmente estaba. No era un buen momento para desesperarse, y menos cuando las cosas cada vez iban a peor. Echó mano a la cantimplora. – Bu-bu-bueno... Miguelito... este viejo crelin ha tenido días mucho mejores...y... <caff, caf, caff, ¡¡¡¡¡CAFF!!!!!!>- un esputo sanguinolento asomó por la comisura de los labios. Lo limpió con el dorso de la mano.- y menos fríos, también- concluyó con una sonrisa. Miguel se la devolvió, mirando a Ángela. La preocupación brillada en sus ojos, pero nada más. Expresar sus sentimientos no era lo suyo. En estos momentos, la envidiaba. La verdad es que hace una noche de mierda, para que negarlo, pero podría ser peor. Dijo, con la esperanza secreta de que hoy no lloviese.

La misión había sido sencilla, en principio. El Senado, en su política de expansión lenta, había designado al planeta VX-0034 del sector Brom como uno de los prioritarios para empezar a establecerse en él, debido a sus recursos minerales, abundantes en extremo. Por lo tanto hacía seis años que había empezado su explotación, lo suficiente como para establecer una pequeña ciudad y un par de puestos avanzados de la Armada a cargo de la segunda BriPel, pero no tanto como para haberlo investigado a fondo. Miguel y su equipo formaban parte de una de esas expediciones de reconocimiento del terreno, e investigación de campo y demás. ¿Que por qué se gastan tiempo, recursos y hombres en ello?, bueno, el mapeado orbital puede darte una imagen geográfica muy detallada del planeta, pero eso no significa que no haya animales peligrosos, o nativos igual de peligrosos. Por eso son necesarios. Sin embargo, no sabía porqué, pero la sensación que tenía en la nuca, cuando salieron los seis miembros del equipo, era premonitorio. Siempre que tenía ese hormigueo, pasaba algo muy malo, como aquella vez que en clase, empezó a cosquillearle de manera insistente, y tuvo una súbita corazonada de que alguien a quien realmente apreciaba, había muerto. Y fue cierto. Nunca más volvió a ver a su abuelo. Por el Creador, pocas personas le han marcado tanto como ese hombre. Nunca olvidaría sus historias de la Armada y de los lugares a los que iba. ¡Que demonios! Se alistó en los exos por él. Bueno, la cuestión es que desde aquel momento, supo que algo iba a ir mal. Durante días esperó que aquello que tuviera que pasar sucediese, con una sensación de fatalidad en el rostro, aunque para ser realmente sincero, él esperaba que se produjese un poco más temprano. Lo cierto es que después de dos semanas de aburrida clasificación de plantas, animales, minerales y demás, llegaron a una zona que parecía habitada por algún tipo de ser vivo, consciente. Unas chozas de barro achaparradas, pequeños fuegos en la zona, una especie de mamífero algo mayor que una rata, rondando por la zona, como una especie de animal doméstico... daban lugar a creer que en dicho planeta había vida inteligente. Preparados como estaban, Miguel y el resto, echaron mano del Protocolo Cuesta, apartado 5 de EcVI (Encuentros con Vida Inteligente). Cuando varios de los nativos percatados de su presencia, salieron a su encuentro, nada hacía presagiar lo que se avecinaba. Los alienígenas, unos humanoides achaparrados y recubiertos de un fino vello, con enormes ojos sin pupila que les daban un aire cómico, fueron amistosos. Siguiendo el estándar indicado, el intercambio cultural del primer contacto se desarrollo satisfactoriamente. La mezcla de curiosidad, miedo y alegría por lo novedoso de la situación transcurría por cauces normales. El jefe del equipo, el Sargento Kam, en vista de la victoria obtenida, decidió que se pasaría en el campamento la noche. Informarían más tarde de ello a la base. La comida que les prepararon los lugareños, aderezado todo por un festejo por la ocasión, fue un momento irrepetible. De verdad que sí. Hasta Ángela parecía relajada y sonriente. ¿El problema? Bueno, algo tan sencillo, tan idiota y tan sacado de un holo de serie B, que era descabellado solo pensarlo.

-¿Cuánto falta para llegar a lugar seguro?- preguntó Ángela, sacando del ensimismamiento a Miguel. Poco- fue la lacónica respuesta. Miró a su amiga. Las manchas de sangre reseca aún eran evidentes en su ropa. ¿De quién sería? Seguramente ya no importaba eso. Lo que importaba era llegar a casa, tan cerca como estaban. Kendrall, hizo un ademán con la mano, señalando la cantimplora de Miguel. Este le acercó la misma, mientras Ángela le levantaba la cabeza, para que se mojase los labios. Después, se incorporó –Quédate un rato con Kendrall, Santos. Voy a dar una vuelta.-O.K.- dijo él-¿seguro que estarás bien?- Asintió con un ademán- Tranquilo. Lo bueno de esos cabrones es que son como depredadores, son muy territoriales. No creo que se nos den mucho la lata hoy.- Sonrió, conciliadora.- No te preocupes. Con ello, se dio la vuelta y comenzó a caminar, tras una ultima mirada de aliento a Kendrall.

Menudo mes de mierda. Ángela aún no daba crédito a lo que les había pasado. Se supone que eran una expedición científico-militar, no uno de esos exploradores cutres de las holos. ¿En que cabeza cabe? Aunque debió de haberlo sospechado, sobre todo cuando Sara, ¿o era Sandra? No lograba acordarse. De todos modos no importaba, nunca habían sido muy amigas, apenas un par de misiones, aunque claro tampoco era para que acabase como acabó... Se tragó las lágrimas. Ahora, después de ese tiempo, estaba asimilando lo que sucedió. En ese momento no habían sido capaces, de ellos, ni siquiera cuando Sara o Sandra decía que se sentía mareada por la bebida o por algo en la comida, y los demás se sentían igual, y todos se reían. Se reían incluso cuando les rodearon, y sus amables sonidos y actitud servicial dio paso a algo más siniestro, otro tipo de sonrisa, más cruel, más salvaje, se reían incluso cuando uno de ellos se adelantó, y con un hacha hecha de una madera dura como el hierro de ese condenado lugar, la descargó con toda su fuerza sobre Sara/Sandra, salpicando a todos de sangre mientras su cráneo se partía como un melón... Dios, que horror... Sólo por el bueno de Kendrall salieron de allí vivos, Miguel, ella y el propio Kendrall, aunque no tan bien como desearía. Ángela miró al cielo... cada vez había menos estrellas, parecía que iba a volver a llover. Condenada estación y condenado lugar. Se volvió, y comenzó a caminar hacia sus compañeros.

¡Ey! ¿Ya vuelves? Qué paseo más cor...<caff, caff> to... jeje.- dijo Kendrall.- Es suficiente. Tampoco hay mucho que ver.- dijo Ángela sonriendo a su vez. ¿Qué tal tu costado?- preguntó Miguel- bueno, ya mucho mejor...claro que me duele como los siete infiernos, pero es lo que tienen las lanzas envenenadas...jaja <caff, caff, caff>. Kendrall se recostó. La verdad es que habían tenido suerte. Mucha suerte. Y de que esos hijos de perra fuesen como animales rabiosos. Si no hubiese sido por como se abalanzaron a devorar al cadáver de Sanahh, habrían tenido que enfrentarse a un número demasiado abrumador de enemigos (Antropófagos... ¿en qué cabeza entra una forma de vida de ese calibre? Es una locura.). Y siendo él sólo el único verdaderamente entrenado en el combate... no hubiesen salido de allí. Lamentaba la pérdida de Kam, de Sanahh y del otro tipo, el callado de gafas... nunca se aprendió su nombre, pero tocaba bien la electroarmónica. La verdad era que no se acordaba muy bien de que había pasado, y todo fue muy confuso, una vez empezó el combate: gritos, carreras, disparos, más peleas, escabulléndose por los huecos como conejos de Sila, un dolor lacerante en el costado izquierdo, y muchas horas de carreras bosque a través.... Una completa y auténtica mier...

<crack> ...ipo Verde, aqu...<crack, crack> ido de Águilas. Respondan por favor. Cambio. <Crack>. Todos miraron a sus comunicadores, en sus rostros una expresión de miedo, por si aquello había sido nada más que una ilusión. Pero al poco, se repitió de nuevo. Y otra vez más. Y otra. Miguel y Ángela no pudieron soportarlo más. Se abrazaron, llorando y riendo. Kendrall tratando de que no le aplastasen en sus efusivas muestras de alegría, sonriendo, tomó el comunicador: Aquí equipo verde. Nos alegramos de oírle, cambio.- Y nosotros a uste...<crack>. Vamos a recogerles. Hágannos una señal y esperen allí, cambio. Kendrall tendió una de las bengalas de la bolsa a Miguel, en esa oscuridad, no sería difícil encontrar el rastro de la misma. Por fin se relajó. Le dolía más de lo que pensaba, y la fiebre le estaba matando. Pero al menos estaban en casa.

 

 

Siguenos:

Subscríbete en Feedly


Sombra por dentro

Tweets by jchsombra

 


Cita

«Cuanto más conozco a los hombres, más aprecio tengo por los perros.»

Hitler