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domingo, 25 de octubre de 2020


 

111

(Uno Once)

Las fechas del día de los enamorados, el día del libro o el día de difuntos son fechas con mucho trabajo en las floristerías. Parece ser que los habitantes de Cunia sólo se acuerdan de las flores cuando algún centro comercial se lo recuerda. Hablando con un amigo florista del barrio Latino me comentaba que el primero de Noviembre podía significar, fácilmente, el 40% de la facturación de todo el año.

Uno Once no es una floristería y, de hecho, si intentas comprar flores en ella te vas a llevar una sorpresa. Su nombre esconde cierta recriminación hacia esas falsas costumbres. Lo que venden es mantenimiento floral. Si estás interesado en que un lugar de tu casa o del cementerio o de cualquier otro lugar tenga flores permanentemente, Uno Once es tu gente. Su trabajo está más cerca de la jardinería que de la floristería, pero sólo se encargan de flores. Se definen a sí mismo como floristas ecológicos y solo aceptan proyectos que se puedan mantener en el tiempo. El contrato mínimo es por un año y dependiendo del lugar ellos estudiarán las plantas a colocar para que siempre haya flores.

Los panteones y las tumbas son sus trabajos más habituales, pero no los más espectaculares. El ayuntamiento les ha contratado para mantener algunas de las fuentes más emblemáticas de la ciudad y en la zona rica de Cunia, ya sea en chalets o azoteas, los 111 mantienen parterres de flores. Entre la gente adinerada hay cierta costumbre de presumir de sus flores y Uno Once es la opción elegida si se quieren buenos resultados.

Además, para tranquilizar las conciencias de los más privilegiados, Uno Once es muy respetuoso con el medio ambiente, utiliza productos naturales y son enemigos de transgénicos y demás inventos artificiales, aunque son los primeros que te reconocerán que la botánica tiene una parte de selección artificial, pero para ellos hay una clara diferencia entre seleccionar las flores ya criadas a andar toqueteando sus cadenas de cromosomas.

El personal de la empresa pertenece a toda una nueva hornada de titulados de Ingeniería Agrícola más Botánicos liderados por Adrián Verde (se pronuncia "verlle") quién defiende que, en el futuro, solo se debería permitir el comercio de plantas vivas. De hecho, sus ideas y su modelo de negocio le ha llevado a dar algunas charlas en universidades modernas (a las que le gustan las moderneces). Adrián es un brasileño afincado en España en la década de los ochenta cuando, recién titulado, decidió probar fortuna en nuestro país.

Lo que la realidad esconde

Tras las puertas de cristal de Uno Once y tras las saturadas estancias llenas de flores que te reciben en tu visita se esconde una organización terrorista con ramificaciones en todo el mundo. Se trata de un grupo ecoterrorista especializado en acciones muy mediáticas que saltan a las primeras páginas de los periódicos, pero que, hasta la fecha, no han causado ninguna víctima mortal (aunque sí algunos daños materiales y algún bochorno de la autoridad).

Se cree que están relacionados con grupos como el Frente de Liberación de Enanos de Jardín (los originales franceses), el MALAG italiano o los elfos (Elf - Earth Liberation Front) y si les mencionas a Greenpeace pueden salirles espumarajos por la boca.

No suelen operar en Cunia y sus principales actividades han tenido lugar fuera de la ciudad (son prudentes), pero han quemado aserraderos, liberados animales en transportes de ganado, denunciado a redes de importación ilegal de animales (obteniendo pruebas de forma poco lícita). Y en Cunia realizaron una actuación ecoterrorista que pasó desapercibida a los ciudadanos, pero de la que se sienten muy orgullosos. Plantaron bombas de semillas en un solar abandonado en medio de la ciudad y tras su explosión (que la policía investigó y catalogó como una broma juvenil) el descampado se convirtió en la siguiente primavera en un jardín florido. Los miembros del Uno Once había diseñado las bombas con precisión y los propios macizos crearon senderos y zonas despejadas por donde se podía pasear. El ayuntamiento retiró las vallas, que previamente había colocado para impedir que se colaran niños, y ahora el terreno ha sido recuperado como zona ajardinada para la ciudad. Nadie sabe quién lo ha hecho, pero tampoco hay mucho interés en encontrarles.

 

 

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«Confío más en los alemanes que en los italianos.»

Mussolinni