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jueves, 2 de abril de 2020


 

Los chicos de la calle Panaderos

La calle Panaderos está en el barrio Centro, muy cerca del barrio Saboya y en la misma se ubican las oficinas de una pequeña asociación altruista con un nombre impronunciable pero a la que todos conocen como "Los chicos de la calle Panaderos". Sus actividades y actuaciones les hacen asemejarse a las organizaciones de ayuda a víctimas, pero ellos se definen a sí mismos ciudadanos 3.0, signifique lo signifique eso.

La denominación de «chicos» hace referencia a la corta edad de sus miembros, casi todos universitarios. Una de las normas de la organización es que a partir de los 30 años ya no se puede pertenecer a la misma. Se puede colaborar y se conocen casos de patronos, mecenas y asesores de mayor edad, pero de cara al público, en las oficinas de la asociación o cuando se acude a hacer una intervención, todos deben ser jóvenes. La explicación oficial es que las tecnologías evolucionan a gran velocidad y a partir de los 30 años no es posible mantenerse al día en todos los campos, aunque aceptan que uno puede especializarse en un campo y profundizar en él mucho mejor que los más jóvenes.

Están especializados en intervenir en problemas virtuales y, en concreto, en las relaciones entre las personas a través de las nuevas tecnologías. Sus casos abarcan desde el acoso en internet, a la usurpación de identidad y demás estafas virtuales. Se han ganado fama de ser muy imaginativos con la resolución de los casos y, en ocasiones, aplican la misma medicina a los infractores. Un caso famoso fue el de una estafa en la que un conocido tuyo te mandaba un mensaje y te pedía una cantidad de dinero no muy elevada para comprar un billete y volver a la ciudad. Muchos amigos de muchas victimas picaron en el truco y el estafador se llevó una importante cantidad dejando a los amigos o bien enfadados con su amigo viajero por no devolverles el dinero ni darles las gracias o bien enfadados consigo mismos por haberse dejado engañar. El timo era bastante bueno porque el estafador suplantaba completamente la identidad de la víctima (redes sociales incluidas). Los chicos de la calle panaderos localizaron al estafador, le quitaron todas sus propiedades y cuentas bancarias y dice la leyenda que contrataron a unos sicarios para que lo llevaran a un país y lo dejaran allí sin dinero y sin recursos teniendo que pedir dinero a sus conocidos para volver. Es posible que la historia anterior no sea cierta, pero ha habido más de un caso que ha tenido que demostrar que aún estaba vivo cuando sus acreedores venían a tomar posesión de sus inmuebles.

La asociación no cobra dinero por sus actuaciones, pero si acepta donaciones. El ayuntamiento federal, por ejemplo, acaba de aprobar una partida presupuestaria, no muy elevada, pero sí significativa, para la asociación. Su trabajo persiguiendo el acoso en internet o revelando las identidades tras algunos famosos troles de internet ha sido alabado en diferentes lugares y, sobre todo, por muchas víctimas a las que han ayudado.

Lo que la realidad esconde

Los chicos de la calle Panaderos son un grupo de delincuentes especializados en romper sistemas de seguridad vía internet. A diferencia de otros hackers, ellos están especializados en la infiltración sin rastro. No pretenden apropiarse de los sistemas, revelar información o denunciar actividades ilícitas, sino que se cuelan en los ordenadores de terceros y cambian alguna cosa que les interese. Y, aunque podrían hacerlo, cambiar la nota de un examen no es una de sus principales ocupaciones.

Venden este servicio a diferentes empresarios, ciudadanos y organismos públicos de Cunia y lo cobran bastante bien. Imagina que quieres traspapelar la prueba de un caso que lleva años en el juzgado. Antiguamente hubieras necesitado sobornar a un policía o infiltrarte en la zona de pruebas de los juzgados y llevarte o cambiar de sitio la prueba. Ahora, como todas estas cosas ya están informatizadas, basta con cambiar el registro en la base de datos para que el funcionario del juzgado nunca encuentre esa prueba o crea que es otra perteneciente a otro caso.

Pueden hacer muchas cosas: cambiar el diario de sesiones de la Cámara Federal, cambiar una factura en una empresa, borrar unos antecedentes penales, conseguir un pasaporte legal a otro nombre, borrar una imagen de un cajero automático. Si está digitalizado y tienes suficiente dinero, los chicos de Panaderos podrán hacerlo.

El tema de la asociación es más que una tapadera. Lo utilizan como una forma de mantener sus capacidades entrenadas y como una forma de entrenar a nuevos miembros. Es una especie de "campamento de entrenamiento". Y el límite de los 30 años tiene una explicación: a esa edad tienen suficiente dinero como para no necesitar arriesgarse más.

 

 

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