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martes, 20 de octubre de 2020


 

Fontanería Ripoll

Los hermanos Ripoll y parte de su amplia descendencia regentan un negocio de fontanería que lleva muchos años abiertos en el barrio Génova. En realidad, a pesar del nombre, los Ripoll son capaces de encargarse de cualquier reparación en una vivienda: albañilería, gas, cerramientos, solados. Son muy conocidos en el barrio, incluso más allá, por la gran calidad de los trabajos y el buen precio. Siempre han evitado crecer demasiado y abarcar más obras de las que pueden atender. Quizás eso les ha permitido sobrevivir a los últimos tiempos de crisis.

Son una empresa a la antigua. En sus cuadrillas, el oficial es siempre alguien de la familia Ripoll (aunque puede ser familia política) y los trabajadores, si son cumplidores, saben que tienen el trabajo asegurado de por vida (lo que no impide que algunos decidan establecerse por su cuenta o con otras empresas; por ello no es raro ver que las cuadrillas van acompañadas por jóvenes aprendices). Sus furgonetas de color negro y plata (colores de la empresa) son verdaderos talleres ambulantes preparadas para casi cualquier emergencia. Muchas empresas aseguradoras tienen a los Ripoll en la lista de agencias para atender la llamada de sus asegurados. De hecho, gran parte de los ingresos de la fontanería son fruto de las llamadas a altas horas de la noche. El Ayuntamiento de Cunia es también uno de sus principales clientes para los pequeños trabajos. Los Ripoll no hacen grandes obras públicas. Ellos se encargan de pintar despachos, mover de posición enchufes, instalar el cableado de redes informáticas, trabajos pequeños que nunca supera el coste que obligaría a hacer un concurso público.

No han trabajado nunca fuera de Cunia ni para otros ayuntamientos, pero las ofertas no les han faltado. Los octogenarios dueños de la fontanería Ripoll, que aún dirigen la empresa, siempre han defendido que fuera de Cunia la gente tiene extrañas costumbres (como no pagar los trabajos contratados). En Cunia les conocen y los clientes son de fíar. Si un Ripoll dice que tiene problemas para cobrar un trabajo, tienen muchos amigos para presionar a los morosos.

Lo que la realidad esconde

Aunque la fontanería Ripoll es solvente económicamente, sus principales ingresos no proceden de su trabajo público, sino de sus relaciones con los diferentes poderes (no todos privados) de Cunia. Su trabajo consiste en limpiar los accidentes. Son especialistas en hacer desaparecer las manchas de sangre, en ocultar los agujeros de bala, en limpiar todo el escenario sin que quede ningún resto orgánico. Pueden hacer desaparecer cadáveres, pero no es su trabajo habitual. Todo lo contrario, son especialistas en dejar el cadáver en el lugar del crimen, pero nada más que pueda vincular a la víctima con su agresor.

La familia Ripoll está relacionada con casi todos los grupos mafiosos de la ciudad de Cunia, aunque no trabaja para todos ellos (Rafael González nunca ha necesitado sus servicios). Además, ha sacado de algún apuro a algún político al que se le ha ido la mano con una prostituta o cuyo hijo se ha pasado mezclando sustancias en una loca fiesta en casa de unos amigos. Sin embargo, la regla de no trabajar nunca fuera de Cunia también la aplican a sus trabajos ocultos. Se rumorea que un presidente del Congreso les llamó hace muchos años para arreglar los agujeros del Congreso de los Diputados, ya que había un agujero más de los disparos realizados por Tejero (misterio que nunca se ha resuelto). Los Ripoll se negaron a hacer el trabajo.

También se cuenta que los Ripoll no cobran por estos trabajos adicionales, al menos no con dinero. Al contrario, si te hacen un trabajo, quedas en deuda con ellos. No sabes cuando te van a cobrar la deuda, ni sabes lo que te van a pedir, pero es seguro que lo harán. Si esto es así, hay mucha gente en la ciudad que les debe favores y eso, sin duda, es de un valor incalculable.

 

 

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«¿Los italianos? La próxima vez que luchen con vosotros.»

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