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martes, 28 de mayo de 2024


 

Los Gardan

Los gardan son junto con los arwan una de las razas menos habituales a los ojos del resto de pangeanos. La realidad es que, como todo en la superficie del continente, las historias que se oyen sobre ellos tienen más que ver con el desconocimiento que con la realidad manifiesta. En realidad, sus vidas son iguales a la del pageano medio.

Número y distribución

Los gardan son, cuanto menos, escasos. Su número ronda una cifra ligeramente superior a la de los arwan, sin llegar a los números dwandir (en torno a unos ocho mil) y se concentran en su totalidad al sur y sureste de Pangea, salvo raras excepciones. Este entorno de sabana y llanuras, quebrada en ocasiones por extensiones de agua (los tres grandes lagos del este) es el ambiente ideal donde desarrollan su vida de los gardan.

Sus grupos tribales no superan las cuatro manos de individuos y se compone en su mayoría de hembras y sus retoños, con un grupo reducido de machos que ejercen funciones de guardia y defensa del grupo tribal. Siguen una costumbre nómada en la que completan un circuito de una mano de inviernos de duración que va desde las fronteras de Aguaclara hasta la linde de la Selva del Gran Espíritu. No son infrecuentes las luchas y peleas, debido a la naturaleza aleatoria de las migraciones en una u otra dirección, lo que provoca habituales encuentros entre grupos que desembocan en la lucha por los recursos de la zona en la que se asientan temporalmente.

Composición tribal

Las hembras se dedican a las labores consideradas domésticas (esto es, el cuidado de los hijos o la cocina de alimentos) y a la caza. No recolectan frutos ni vegetales de ninguna clase, ni siquiera con carácter de medicina (una razón de peso puede ser la inexistencia de curanderos, o quizás la causa de esta extraña costumbre). Los machos se dedican a las labores de defensa, curtir pieles o reparación y creación de armas.

La cúspide de la organización de la tribu se compone de un macho (el denominado macho alfa) en quien delegan todas las decisiones. Incluso las decisiones de caza han de ser supeditadas al líder. Las decisiones espirituales, al no ser una raza proclive al desarrollo de las habilidades místicas las realizan por consenso o a través de alguna hembra que se muestre especialmente dotada para relacionarse con los espíritus.

Los adiestradores representan la segunda capa en el estrato tribal. Son algo así como el consejo de la tribu y es habitual que sean entre una y dos manos de la tribu. Aconsejan en sus decisiones al líder.

El resto de la tribu realiza tareas comunes y podría decirse que son la base de la sociedad tribal, aunque eso no implica ningún tipo de connotación peyorativa.

Territorio

La naturaleza nómada hace difícil definir el territorio de los gardan. Los lugares en los que puedan servirse de maleza o árboles para ocultarse son los preferidos. Si están cerca de los lagos, las pequeñas islas de las orillas o zonas de difícil acceso (cataratas, farallones rocosos) también son opción habitual. Un buen suministro de caza y pesca es necesario también para elegir el lugar, por lo que a veces, debido al movimiento de las manadas de gacelas o búfalos, se ven obligados a permanecer en plena llanura escondidos entre las hierbas.

Relaciones

Su continuo peregrinar hace que, por fortuna o desgracia, las relaciones entre especies sean muy habituales, sobre todo en los últimos inviernos en los que los mendwan parecen haberse multiplicado exponencialmente. Éstos humanos de las llanuras son la raza con la que más relación tienen, ya sea comercial o de carácter beligerante. También, en menor medida, se relacionan con los dwandir, los h´sar y los tikki, al cruzar por territorios anexos en su vagabundeo. Con los reptilianos, las relaciones son prácticamente de lucha continua.

Miscelánea

Aunque los gardan no tienen unas firmes creencias religiosas, si creen en un paraíso de grandes llanuras que se extienden hasta el infinito, donde los gardan viven felices y tienen alimento y agua en abundancia y donde siempre vencen sus combates.

En la Selva del Gran Espíritu, habita una tribu de gardan de pelaje negro azabache y abundante cabellera en los machos que al igual que los arwan dorados protegen su cielo, éstos protegen el suelo de posibles agresores.

Los h´sar tienen la costumbre de dar caza y esclavizar a todo lo que pase en su territorio, por lo que los gardan, sobre todo al llegar al lago de la serpiente y alrededores, han de tomar medidas contra ellos. Esto ha provocado un estado de beligerancia casi constante contra los serpientes y es poco probable que vaya a cambiar en un futuro próximo.

Existe una tribu, cuyo pelaje moteado y caras más afiladas los distinguen de los gardan normales que ha empezado a vivir entre las tribus humanas al noreste de Pangea. Estos gardan "leopardo" no sólo no han entrado en el lento declive de la raza sino que están consiguiendo sobrevivir donde los suyos han fracasado. Sus costumbres, mucho más sedentarias y "humanas" parecen ser la clave de este éxito.

 

 

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Cita

«Dame los ojos del poeta, noche amada, para poder mirarte con su amor.»

Poema graochinek