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sábado, 31 de octubre de 2020


 

Los Indeseables (IV)

Pasos firmes y disciplinados; el porte grave y seguro del trabajo bien realizado. Una mano joven y vigorosa estrangula con orgullo legajos con la insignia oficial. El soldado se detiene, aclara la voz, y se dispone a llamar a la puerta cuando la pesada hoja de madera se abre de un golpe derribándolo al suelo.

Atraviesan el quicio unas botas brillantes, uniforme impecable y un exultante rostro rejuvenecido. La figura mira por un momento al soldado tendido en el suelo y, apenas sin detenerse, le increpa con voz enérgica.

-¡Vamos soldado, levántese y sígame! Todo este tiempo hemos estado dando tumbos. Villaseca, Timonet, Marçon... no son más que peones. ¿Cómo no lo hemos pensado antes? Esos individuos no tienen cabida en este mundo. De algún lugar tenían que sacar las armas y los alimentos, nadie querría tratar con ellos. Su condición de inadaptados les ofrece una ventaja sin igual para mantenerse ocultos, pero niega toda posibilidad de ayuda o cooperación. Si han seguido obteniendo suministros es porque alguien se los consigue o alguien intercede por ellos.

-¿Pero... quién? -balbucea mientras se incorpora del suelo- No tiene sentido, nadie se expondría por ayudarles. Estamos completamente seguros de que no existe ningún contacto entre las tropas españolas y ellos.

-No son las tropas sino la gente de los pueblos de montaña quienes colaboran con ellos.

-Perdone, señor, eso no tiene ningún sentido. Como usted ha dicho, nadie quiere tratar con ellos.

-¡No es con ellos, soldado! Es una especie de cura, un loco al que llaman Pare Pere. Él es quien va de pueblo en pueblo diciendo que la guerra es la oportunidad de redención en la lucha contra el francés; la posibilidad de un nuevo comienzo cuando todo acabe.

-¿Pa... Pare Pere? No tenía ninguna noticia al respecto.

-No soldado, ni tú ni ninguno de nosotros. Nuestras tropas lo capturaron accidentalmente hace una semana. Está recluido en una pequeña cabaña situada al Noroeste. Hay que evitar levantar cualquier tipo de sospechas, así que marchamos de inmediato tú, yo y cuatro soldados.

-Señor, con el debido respeto, considero que usted no debería venir.

-¿Estás bromeando? Estos meses aquí no han hecho sino secarme por dentro, he llegado a formar parte del mobiliario encerrado entre esas cuatro paredes. Los nervios, el temblar de mi voz, el miedo al fracaso, esto es estar realmente vivo. Mi principal error ha sido dejar los asuntos a los demás. Seré yo mismo quien acabe con el problema.

La figura se dirige al exterior, pletórica e imponente, como un nuevo emperador que mira al áureo mundo que descansa bajo sus pies. Tras él, recuperándose aún del golpe, el soldado intenta mantener el paso del oficial, mientras escucha los graznidos de los vigías borrachos engullidos por el ensordecedor chillido de las chicharras.

Lejos, en el pasillo, frente a la puerta del oficial, dispersos por el suelo descansan los legajos que tan orgullosamente portaba el ahora afligido soldado.

Del individuo Maria Sutja "la Metzinera".

Maria Mesa i Roig nace el 3 de Abril de 1757 en la localidad de Moriga. Su padre, un campesino con tierras, decide concentrar el escaso patrimonio familiar casando a Maria con su tío Vicent. El matrimonio de conveniencia ofrece un patrimonio considerable a la pareja pero mantiene a Maria en un hastío permanente del que sólo consigue sacarle Juan, uno de los jornaleros que trabajan las tierras familiares.

Un tiempo después Maria descubre que está en estado y acude a "la Sutja", una alcahueta, para que le interrumpa el embarazo. Juan, al conocer las intenciones de Maria, acude asustado a la casa familiar y cuenta a Vicent todo lo ocurrido implorando su perdón. Maria es repudiada por su marido y condenada a vivir fuera del seno familiar.

La alcahueta acoge a Maria adoptándola como aprendiz. Algunos de sus clientes afirman que se quejaba de la crudeza del trabajo y que lamentaba haber prometido hacerse cargo del negocio cuando "la Sutja" muriera. Pese a todo, tras varios años junto a la alcahueta, Maria abandona el pueblo buscando suerte en otro lugar.

No tenemos más noticias del sujeto hasta que en 1783 contrae nupcias con Joaquín Mistral, uno de los hijos del carpintero de Vilarmat. Todo transcurre con normalidad hasta la muerte del carpintero. Joaquín hereda el taller, contrata un joven llamado Damià para que haga las tareas propias del oficio y pasa las horas de taberna en taberna.

Entre Maria y Damià consiguen mantener el ritmo del taller y llevar dinero a la casa, pero los excesos de Joaquín amenazan con destruir todo lo logrado. Las discusiones de la pareja pasan a formar parte de las conversaciones vecinales. En más de una ocasión las palabras acaban en golpes, y no son pocos los que aseguran haber visto a Maria refugiarse en los brazos de Damià para calmar los dolores.

El 4 de Junio de 1788 es enterrado Joaquín Mistral habiendo fallecido víctima de sus excesos, aunque no falta quien asegura que murió envenenado por su mujer. A partir de entonces comienza una batalla legal entre los hermanos de Joaquín y Maria. En una serie de pleitos, los Mistral acusan a Maria de asesinato y posteriormente, al no tener éxito, de adulterio. Se suceden varias visitas al taller donde tienen lugar fuertes discusiones, hasta que el 4 de Agosto uno de los hermanos de Joaquín muere a manos de Damià.

Maria y Damià se ven obligados a huir abandonando el taller. Durante años aparecen en una multitud de bandos en busca y captura. Recorren varios pueblos hasta que en 1794 son interceptados y Damià es capturado y ejecutado. Maria pasa a vivir en una cabaña entre las aldeas de montaña. Allí permanece como Maria Sutja "la Metzinera" dedicándose a lo que aprendió de la alcahueta de Moriga.

Como "la Metzinera" consigue pasar desapercibida durante años, hasta que en 1809 los Mistral encuentran su pista y dan con ella. Pero alguien la avisa con el tiempo suficiente para esconderse entre las montañas.

Hace apenas unas semanas los Mistral contactaron con nosotros informándonos de que una peligrosa envenenadora estaba oculta en las montañas y había sido vista en compañía de varios hombres, uno de ellos vestido con jirones, fuertemente armado y un marcado acento francés.

Aspecto físico

De baja estatura, ligeramente encorvada, nariz estrecha y rostro apergaminado. Ojos de un verde grisáceo, pelo lacio y cano, y una profunda cicatriz en el labio.

Personalidad

De ánimo calmado y frío, resignada al modo de vida que le ha tocado. Desconfía del ser humano en general por lo que intenta implicarse lo menos posible. Siempre atenta a cualquier indicio de peligro evita en lo posible estar en un lugar más tiempo de lo estrictamente necesario.

Ficha

CUE 2 FUE 2 VIT 2 RES 2
DES 4 AGI 3 COO 3 VEL 3
INS 9 PER 5 INT 8 CON 4
INT 9 MEM 8 LOG 5 INV 8
PRE 7 CAR 7 VOL 8 APA 3
Nivel Social 3

Habilidades (valores sin atributos)

Arriero 9
Artesanía 3
Artesanía (Carpintería) 12
Artesanía (Trabajar la tierra) 8
Chusma y canalla 15
Conocimiento científico 8
Con. Científico (Biología) 15
Con. Científico (Venenos) 15
Con. Científico (Botica) 15
Correr 8
Dialéctica 15
Don de gentes 15
Escamotear 6
Falsificar 4
Lanzar 12
Nadar 12
Observación 15
Ocultar 8
Pelea 8
Saltar 8
Sanar 15
Sigilo 12
Supervivencia 12
Trepar 8
Influencias (Grupo) 10

Virtudes

Afinidad con los animales
Aprender de los errores
Percepción del peligro
Sueño ligero

Defectos

Enemigo: hermanos Mistral
Falto de oído
Fugitivo
Cicatriz

Equipo

Cuchillo
Hierbas y material de botica
Ropa de abrigo
Manta

 

 

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Cita

«A ese Pío XII hay que empaquetarlo enseguida.»

Hitler