Llego hasta aquí



 Pangea
 Ayudas
    Afición (11)
    Ambientación (129)
    Reglas (106)
    Equipo (97)
    Sucesos (127)
    Aventuras (74)
    Preg./Resp.
 Por autor
 Productos
 Enlaces
 





Licencia Creative Commons para el texto de la web (quedan excluidas de la licencia CC las ilustraciones)


lunes, 4 de marzo de 2024


 

FRAGMENTOS DEL OLVIDO

Capítulo IX

Las últimas palabras del gran h’sar de piel negra provocaron que Naest sintiese una nueva punzada de terror recorriéndole la espalda, una de tantas como ya había experimentado desde su entrada en aquella maldita caverna; de hecho, ya eran tantas las veces que el temor había inundado cada fibra de su ser que creyó que no sería capaz de dormir sin sufrir horribles alucinaciones nunca más. Ahora comprendía por que eran tan pocos los que osaban subir hasta allí, y la causa de que nunca más se supiera de ellos. Era demasiado fuerte para soportarlo, y Naest sentía que estaba a punto de alcanzar su límite.

Shibraa sonrió complacido, moviendo su bífida lengua entre sus enormes colmillos manchados de sangre.

- No pongas esa cara de víctima inocente, pequeño mendwan. – Dijo con voz solemne – Está claro que tu frágil envoltorio de pelo no tiene nada que pueda satisfacerme. Pero si que busco tu colaboración en la propagación de la palabra verdadera, en conseguir que toda Pangea conozca lo que realmente ocurrió, nada más.

Naest lo escuchaba anonadado, como hipnotizado por los grandes ojos del h’sar. Lo peor es que la idea no le parecía descabellada, suponía que todos tienen derechos en un momento u otro de relatar su versión de la historia, aunque no estaba dispuesto a difundirla en lo que le quedara de vida, que sospechaba sería bien poco.

- Yo ya te he contado lo que quería que supieras por mí, pero para ayudarme a hablar de las facetas más recónditas de mi misión he traído a un amigo para que te abra los ojos en otro par de cosas…

Dicho esto, Shibraa se movió a un lado y apareció tras él, o bien justo en el hueco que él ocupaba como si hubiera salido de la nada, un pequeño ser arrebujado en unas pieles muy ajadas y maltratadas por el tiempo. Por el tamaño y la forma de sus diminutas manos Naest podría asegurar que se trataba de un tikki, pero tampoco podía estar seguro.

- Este es Dir-Veshan, pequeño aprendiz de falso chamán. Ha venido desde muy lejos para revelarte su historia y la de aquellos a quien adoran. Cuando quieras, mi estimado aliado… - La voz de Shibraa no podía sonar más satisfactoria al pronunciar estas palabras, aun siendo tan temible como siempre.

El pequeño echó hacia atrás la capucha de piel que cubría su cabeza y Naest reconoció efectivamente a un tikki de pelo largo y de color blanco como la nieve, aunque eso apenas destacaba ante el hecho de que la mitad derecha de su rostro estaba cubierta de una sustancia negruzca completamente sólida que confería el aspecto de que el tikki portaba una extraña máscara ritual.

Solo entonces el mendwan se dio cuenta de quien era, ahora le venía el nombre a la cabeza, pronunciado por su maestro Uormo solo como referencia al mal que el Espíritu Oscuro puede causar entre los chamanes. ¡Era Dir-Veshan, el primer brujo!

No podía ser, era imposible que se tratara de él. En caso de haber existido y no tratarse solamente de una leyenda, no tenía lógica que estuviera en esa caverna de los ancestros, y menos aún que siguiera vivo. Porque cuando Naest miraba a Veshan no veía el reflejo tenue de los demás espectros, ni los resquicios de la pared del fondo proyectados a través de sus nuevos cuerpos, sino los colores crudos que también le caracterizaban a él, la esencia del que aún está vivo.

Sin más dilación, Dir-Veshan comenzó a hablar con un acento suave y fluido, pese a que no parecía mover su media boca sana en ningún momento.

<<Gracias por haberme permitido venir hasta aquí, Shibraa. Y a ti gracias por escucharme, Naest. Dale recuerdos a tu maestro Uormo de mi parte cuando logres salir de aquí, por favor… Espera, no digas nada. Asumo que tendrás miles de preguntas que hacerme, pero te pido paciencia una vez más. En cuanto haya acabado con lo que tengo que contarte podrás hablar, si así lo deseas.

No siempre he sido así. Hasta en tu estupor puedes pensar que estos modales no son los propios de un tikki, mucho más conocido por su vivacidad habitual. En otros tiempos, hace ya muchísimas lunas, yo era un joven tikki alocado y salvaje que solo quería seguir los pasos de su padre adoptivo, pues mis padres habían muerto en las fauces de un sulardrak y yo era un niño que ni siquiera sabía donde se escondían los miembros de su propia tribu, y que tuvo que acceder a la ayuda que un desinteresado y desconocido mendwan me ofreció, un chamán llamado Aguiar, la mejor criatura viva en Pangea que jamás haya tenido el privilegio de conocer.

Yo al principio me burlaba de aquel barbudo anciano, y despreciaba su idolatría por todo lo espiritual, aunque lentamente fui comprendiendo como funcionaba la energía chamánica y los pozos de los que manaba incesante. En mi afán de conocer mejor a mi mentor y de olvidar para siempre mis raíces tikki, puesto que mi pueblo ya no significaba nada para mí después de tanto tiempo, me convertí en un iniciado más que apto, y posteriormente en un chamán del primer círculo muy competente, tanto como para sorprender a mi propio maestro.

Mi mentalidad tikki me convertía en un chamán extremadamente peculiar en comparación con los costumbristas dwandir o los ególatras mendwan, ya que me mostraba puntos de vista respecto a la magia y al trato con los espíritus que nadie más era capaz de ver, e incluso de comprender en un momento dado. Todo me fue muy bien en compañía de Aguiar hasta el terrible día en que mi viejo mentor trascendió su envoltura de carne y sangre para ascender a lo más alto de los cielos.

Cual sería mi sorpresa cuando esa misma noche letales kiva intentaron conquistar nuestro poblado aprovechando la reciente ausencia de aquel que fue mi padre durante muchísimo tiempo. Les pude repeler sin problema, pero uno de ellos logró invadir el cuerpo aun fresco de mi maestro y me vi obligado a devolverlo a los muertos para detener al morkiva. En ese momento algo cambió en mi interior y desarrollé mi actual forma de pensamiento: Si un siervo del Espíritu Oscuro fue capaz de penetrar y controlar al ser más puro y bondadoso de la creación, eso es que quizá la presencia del wukran no fuera tan maligna como creemos, y que tendrían que coexistir.

Piénsalo bien, muchacho… La noche sigue al día y le precede poco después, y nadie se ha decidido eliminar a la misma noche. Después de la vida va la muerte en un proceso completamente inevitable hasta para los poderes de la Taga, y tampoco nos molestamos en derribar esa barrera. Todo tiene su opuesto en el mundo, y así ha de ser, por lo que es posible que en realidad el Espíritu Oscuro tenga que coexistir con el Gran Espíritu en una simbiosis perfecta. A veces no es tan malo tener sentimientos negativos puesto que estos nos hacen más fuertes en momentos puntuales de nuestra vida y nos obligan a reaccionar para eliminarlos.

Naturalmente, esas creencias y su posterior predicación no tuvo más que un relativo éxito entre mis congéneres, y terminé mis días mortales asesinado por los propios vecinos de mi padre, aquellos que tanto me apreciaban tan solo unas lunas antes. Pero el Espíritu Oscuro había encontrado por fin a alguien que creía en él no por ambición ni por las decisiones equivocadas, sino por propia voluntad, y no quería desprenderse de él tan fácilmente. Así, la luna posterior a mi muerte mi cuerpo volvió a la vida y, tras un tiempo de aclimatación, volví a tomar el control de mi propio ser. Mi rostro reflejaba la oscuridad, y era un eterno recordatorio del gran sacrificio que el propio Espíritu Oscuro hubo de realizar para salvarme con la inestimable ayuda del propio Wukran, el cual es al fin y al cabo invención suya.

Durante el resto de mi tiempo como ser eterno he vagado por los rincones de toda Pangea, he conocido a todas las gentes que he podido asumiendo otras formas y poseyendo otros cuerpos, he recopilado todo el saber que mi mente es capaz de albergar. Y las conclusiones a las que he llegado podrían ser completamente sorprendentes para alguien como tú.

Todo es un equilibrio, Naest. El Gran Espíritu y el Espíritu Oscuro ni siquiera están luchando, sino que simplemente se han retirado de nuestro mundo para dejarnos a nuestro albedrío. El Wukran nunca podrá ser completamente destruido, al igual que nosotros nunca podremos destruir el agua de los mares y ríos, y lo mismo ocurre con la Taga. Nuestra confrontación durará hasta que las estrellas en el cielo se apaguen y el resultado siempre será el mismo. Los Avatares podrán matarse mutuamente, pero las Primeras Razas pervivirán hasta que la propia Pangea sea destruida por la Ultima Destrucción. Nos quedaremos sin dioses, puesto que en realidad los dioses h’sar o de otras razas no son más que la personificación de uno de los Avatares, y el fuego terminará apagándose en aras de otras facetas de la naturaleza.

Esta es la única verdad, mendwan al que a partir de ahora se le conocerá como Naest el Emisario. Tuya será la responsabilidad de asumirla cuando llegue el momento, y más tarde de propagarla igual que yo hice, solo que tú no estarás solo en tu predicamento, me tendrás a mí para apoyarte e impedirte que sufras mi mismo destino. Pero aun no es el momento, y los extremistas partidarios de la Taga que pueblan esta covacha nunca te dejarían abandonarla con vida si supieran que sabes lo que ahora realmente conoces. Ahora mi buen Shibraa ocultará todo esto en un recóndito rincón de tu cabeza, y ni siquiera lo recordarás hasta el momento apropiado. Buena suerte en tu búsqueda y cumple con tu parte de la profecía, emisario.»

Dicho esto, Dir-Veshan se acercó a la puerta de la cueva y se arrojó al vacío de una forma sobrecogedoramente calculada. Shibraa se acercó sin mediar más palabras a Naest y posó sus ojos en los suyos, y tras un puño le dejó, volatilizándose al igual que lo hicieron todos los demás, a la par que el guardián de la cueva aparecía rápidamente, blandiendo una lanza que parecía hecha de luz. La sombra se acercó al joven chamán e intentó sacarle de su aparente letargo.

"Naest… ¿Puedes oírme?"

De forma febril y quejumbrosa alcanzó a pronunciar las siguientes palabras:

- He visto… el fin… de todo…

… y, sin poder decir más, se desplomó al suelo desmayado, incapaz de mantener su conciencia y su cordura por más tiempo.

EN TERMINOS DE JUEGO

Un pequeño giro de trama para este mes, así no os aburrís demasiado. Una cosa: si alguien prefiere una cronología de esas "al uso", con fechas y tal como más enciclopédica, que me lo diga e intentaré complacerle en algún número, pero por ahora me parece mucho más exacto, narrativo y adecuado al espíritu del juego Pangea pretendía originalmente.

CRONOLOGIA PRIMORDIAL DE PANGEA

    Creación de Pangea a manos del Gran Espíritu
    El Gran Espíritu crea a sus Trece Avatares
    Creación de todos los elementos y las razas por parte de los Avatares
    Reunión de los Avatares y los Primeros Nacidos
    Expulsión de los Ogros y exilio del Décimo Avatar, Chroun
    Ubicación de las Doce Razas Primeras por la superficie de Pangea
    Creación de los Segundos Nacidos
    Expansión de las Primeras Razas
    Comienzo de la Larga Noche
    Aparición del Wukran
    Cobijo de las Criaturas Puras bajo el Manto Protector del Gran Espíritu
    Nacimiento de los Primeros Kiva
    Resurgimiento de las Primeras Razas del Cobijo del Gran Espíritu
    Repoblación de Pangea
    Descubrimiento del Fuego, y de Como Controlarlo
    El Oscuro imbuye los malos sentimientos a las Primeras Razas
    El Gran Espíritu y el Espíritu Oscuro comienzan su eterna lucha
    Las Razas Reptilianas se alzan en armas contra las demás
    Ataque de los pueblos reptiles a los Dwandir y los Tikki
    Ataque de los pueblos reptiles a los Dwaldur
    La Tribu de los Guardianes de la Gran Montaña aprende a forjar el hierro
    Aparece el primer brujo, Dir-Veshan, y es rápidamente asesinado

 

 

Diario Sombra:

Subscríbete en Feedly

Redes Sociales:



Grupos de jugadores:




Cita

«Yo voté al presidente Ayala.»

Anónimo