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miércoles, 29 de mayo de 2024


 

FRAGMENTOS DEL OLVIDO

(VI Entrega)

A Naest le resultaba imposible aclarar sus sentimientos… Era demasiada la información que su mente había recopilado desde que se internó en la llamada Cueva delo Vivido, y dudaba que pudiera asimilar mucho mas sin caer enfermo, o sumirse en la locura. Ahora comprendía como no había testimonios de chamanes que hubieran llegado hasta allí y vivido para contarlo… De hecho, aunque hubiesen salido vivos dudaba mucho que fueran contando esto a otros, demasiado increíble para que alguien lo creyera.

Y sin embargo allí estaba, sentado en la cueva que ya prácticamente se había convertido en su hogar, esperando a la próxima sorpresa que la cueva quisiera ofrecerle. Atrás quedaba ya su tribu y su antigua vida; las enseñanzas de Uormo resultaban vanas, casi patéticas, al lado de la iluminación a la que estaba siendo sometido, quisiera él o no. Él comprendía que no iba a ser tan sencillo como llegar y conseguir directamente los conocimientos de las Primeras Razas, pero esto era mucho más de lo que podía asimilar.

Aunque los espíritus solo se dedicasen a contarles su historia, la cueva lo amplificaba a un nivel mucho mas allá de lo soportable, inundando los sentidos con imágenes y sentimientos que acompañaban de un modo perfectamente acompasado a la narración, superando con creces el umbral de comprensión que un mortal pudiera asimilar. Y sin embargo, lo que mas le molestaba era precisamente el hecho de que no sería capaz de recordar todo lo aprendido una vez estuviera fuera de la cueva… si es que salía con vida de ella, si no le obligaban a formar parte de su legión de espíritus.

Lagrimas de frustración rodaban por sus lampiñas mejillas mientras observaba impotente a esa enigmática figura neblinosa que le venía acompañando desde el comienzo, esa que parecía conocer a todo el mundo pero que se resistía a confesar su identidad, haciendo que Naest se devanase los sesos a la caza del que pudiera ser su verdadero nombre, aunque poco importaba allí dentro.

Incluso se había llegado a plantear la posibilidad de que el desdichado espíritu no era mas que el último chamán que había llegado a la Cueva, que desbordado por la locura decidió quitarse allí mismo la vida, y ahora estaba condenado a ejercer de guía hasta que llegara otro que le relevase de su pesada carga.

Naest rogó al Gran Espíritu que no fuera él quien le sucediese.

"Está bien, Naest. Deja de ensimismarte, no hemos terminado… ". La figura habló de nuevo sin usar la boca, de su mente directamente a la de Naest, sin emitir sonido alguno. El joven chamán estaba seguro que, de todo lo que rodeaba a la caverna, esto era lo que mas le molestaba.

Tras salir de su ensoñación, por fin explotó.

- ¿Cómo que no hemos terminado? ¡Yo decidiré si hemos terminado o no! ¿Acaso vosotros tenéis algo mas que hacer sino estar aquí todos los días de la existencia de esta miserable cueva esperando a que venga alguien para inundarle con el conocimiento de todo lo ocurrido? ¿Creéis que es una carga sencilla el aguantar todos los sentimientos e inquietudes de estos supuestamente celebres espíritus?

"Comprendo que no es nada fácil, joven Naest, pero esto es por lo que has venido aquí, ¿verdad? "

- Claro que es por esto, pero es que ¡es demasiado!

"Siempre puedes dejarlo, si lo deseas. Nadie está obligado a permanecer aquí, ni siquiera los espíritus que te visitan y te cuentan sus hazañas "

De una forma que ni él mismo comprendía, el hecho de que no le obligaran a permanecer como guía el resto de su existencia tranquilizó a Naest.

- Claro que no quiero abandonar la cueva, me ha costado mucho llegar hasta ella, pero no sé si seré capaz de aguantarlo. ¡Cuando salga de esta cueva no voy a poder recordar nada, eso si no me vuelvo loco o muero aquí mismo!

"Eso no pasará mendwan, confía en mí. Al igual que el conocimiento se expande en esta cueva hasta límites mas allá del conocimiento de las criaturas mortales, lo mismo lo hará tu consciencia, adaptándose a la sabiduría que adquieres. Aunque no lo creas, estás preparado para esto y mucho mas "

- Eso espero, porque juro que todo esto está acabando conmigo. – Naest estaba aturdido de temor, pero intentó fingir un aire despreocupado. – Bien, ¿a quién le toca ahora? Estábamos hablando de la Guerra de Razas, ¿verdad? Ese periodo es bastante conocido por la mayoría de los que hemos estudiado las enseñanzas de los chamanes.

"Es cierto que llegamos a los fragmentos de la historia mas populares, pero siempre hay detalles que se pierden de las enseñanzas por muchos motivos: celos, ambición, simple caída en el olvido… Estás siendo un testigo directo de que efectivamente no aprendemos ni la mitad de lo que en realidad ocurre; por eso estamos nosotros aquí, para ofrecer ese conocimiento ya olvidado. "

El "tono"con el que el espíritu guía pronunció esa última sentencia obligó a Naest a mantener la compostura y a ponerse serio, puesto que sentía que debía hacerlo. Fuera quien fuese, el espíritu tenía un poder de convicción increíble, pensó Naest. Sumido en el espacio donde debieran estar los ojos de ese presunto guardián de la cueva, no pudo ver como emergía otra forma neblinosa de la pared del fondo de la cueva, algo que tomaba el aspecto de un dwaldur joven de grandes manos y amplia sonrisa.

"Permíteme que te presente a Kimtelm. El fue aprendiz de forjador durante la Guerra, y te podrá ilustrar sobre la época mucho mas que yo. "

Dicho esto, Kimtelm hizo un gesto de reverencia al chaman y comenzó directamente con su historia; parecía que tenía prisa por contarlo. Naest suponía que muchos de los que le precedieron no llegaron a este punto para poder escucharla, y eso le dio fuerzas para soportar el aluvión de recuerdos que se le venía encima.

"Supongo que Korg ya habrá introducido en tus sueños su relato acerca del principio de la guerra, es un punto de vista muy curioso. En fin, continuaré algo más allá. Es bien sabido que las razas de escamas y sangre fría comenzaron su invasión de los pueblos de sangre caliente de una manera rápida pero implacable y despiadada. Los primeros que hubieron de plantarles cara aun sin querer hacerlo, y por tanto los primeros en caer, fueron los frágiles dwandir, los cuales por aquel entonces ni siquiera estaban preparados para la guerra. Pese a que la Tribu de la Haya y la del Sauce presentaron batalla de forma ordenada e impasible, nada pudieron hacer contra los drak y los h’sar reunidos en vasta legión, aun contando con el valioso apoyo de las hordas tikki.

Aquellas tribus que no fueron masacradas tuvieron que dispersarse, abandonando así su hogar ancestral desde que Kinard les creara al igual que lo hizo con mi raza. La mayoría murieron en los tiempos posteriores, pero los que lograron sobrevivir juraron que nunca más les pillarían desprevenidos, y se convirtieron en los cruentos asesinos que hoy conocemos.

Tras la masacre dwandir, nuestras propias tribus fueron asediadas por los reptiles, y paulatinamente fuimos perdiendo a nuestra gente y nuestros lugares, hasta que solo mi tribu, la de los Guardianes de la Gran Montaña, quedó en pie. Yo era uno de los forjadores de armas en bronce por aquel entonces, y mi maestro Tasril me dejó a cargo de la forja por aquel entonces, dado que desde que comenzó el asedio de esos repugnantes seres él se internó en las montañas que nos daban cobijo, no muy lejos de aquí, y no le vimos durante mas de cuatro manos de lunas.

Al fin salió, y nos dijo que el primer dwaldur, el propio Tarkhas, el supuesto gran conocedor del Rito del Metal y del Fuego, le había guiado hasta el vientre de la montaña y le había mostrado como conseguir el metal mas resistente que jamás hubiéramos podido ver; también le dio su yunque y su martillo, el primer Koraz. Así fue como empezó para nosotros nuestra era de prosperidad entre la muerte, aprendiendo a forjar armas de hierro para nuestros bravos guerreros. Evidentemente, Tasril se convirtió en el gran líder de nuestra tribu y gracias a él resistimos mucho mas de lo que hubiéramos podido hacerlo sin el hierro, y solo caímos derrotados porque la maldita estirpe de los ogros, la Raza Prohibida, resurgió del infernal agujero en el que estuvieron ocultos todos estos años para ayudar a las malditas criaturas de pieles multicolor.

En cuanto a mí, pasé todo el tiempo que pude como oficial al mando de la Gran Forja, puesto que iba justo por detrás del ocupado por el propio Tasril, y de mis manos salieron grandes armas que retuvieron a los enemigos durante mucho tiempo. Mi único error, aunque algunos lo llamarían acierto, y la razón por la que me encuentro hoy aquí, es que mi curiosidad me impulsó a bajar a aquel punto donde se supone apareció Tarkhas. Yo también quería conocerlo.

Sin decir nada a mi maestro y líder me adentré en la montaña, siguiendo los caminos que supuestamente él había seguido, y nada encontré que pudiera evidenciar la presencia de Tarkhas, aunque si descubrí una cámara subterránea que contenía una gran cantidad de bloques de hierro, los mismos que el maestro nos entregaba a los forjadores para que sacáramos de ellos las formas adecuadas, diciéndonos que era él quien los construía en secreto.

Lo mas triste de todo esto es que nunca pude contárselo a nadie, ni pude aprovechar ese conocimiento, puesto que nada mas entrar en la cámara noté como la punta de una lanza atravesaba mi espalda y sobresalía en mi pecho, arrancándome el colgante de hueso que me dio mi madre poco antes de morir. Mi última visión fueron los bloques de hierro, cortados con una maestría casi sobrenatural, y a Tasril detrás mía, sosteniendo la lanza con la que me había dado muerte. Admito que aun hoy, por mucho que lo pienso, no comprendo de donde salieron los bloques, y que secreto guardaban para que mi maestro se viese forzado a asesinar a su mejor alumno por él; espero que al menos mereciera la pena, y parece que así ha sido, puesto que ahora solo nosotros y tú conocemos el secreto. Guárdalo en tu mente y haz buen uso de él"

EN TERMINOS DE JUEGO

De nuevo volvemos a la introspección de Naest (al fin y al cabo es una cronología narrada, en algo se tenía que notar) en la cueva para presentar el comienzo del desarrollo de la Guerra de Razas, el que quizá sea el evento mas crucial de la historia de Pangea; además hemos soltado un giro en la trama de sucesos de Pangea que podría dar bastante juego en vuestras campañas, y que seguramente desarrollaremos de forma "oficial". Bueno, ya son media docena de entregas de la cronología (pensaba que me iba a enrollar menos, perdonad), y espero que os aclaren posibles puntos oscuros que el manual dejaba en cuanto a la forma en la que los habitantes de este mundo fueron adaptándose a los diferentes hechos históricos. Para cualquier pregunta ya sabéis donde estamos (envía un mail a pangea@edsombra.com).

CRONOLOGIA PRIMORDIAL DE PANGEA

    Creación de Pangea a manos del Gran Espíritu
    El Gran Espíritu crea a sus Trece Avatares
    Creación de todos los elementos y las razas por parte de los Avatares
    Reunión de los Avatares y los Primeros Nacidos
    Expulsión de los Ogros y exilio del Décimo Avatar, Chroun
    Ubicación de las Doce Razas Primeras por la superficie de Pangea
    Creación de los Segundos Nacidos
    Expansión de las Primeras Razas
    Comienzo de la Larga Noche
    Aparición del Wukran
    Cobijo de las Criaturas Puras bajo el Manto Protector del Gran Espíritu
    Nacimiento de los Primeros Kiva
    Resurgimiento de las Primeras Razas del Cobijo del Gran Espíritu
    Repoblación de Pangea
    Descubrimiento del Fuego, y de Como Controlarlo
    El Oscuro imbuye los malos sentimientos a las Primeras Razas
    El Gran Espíritu y el Espíritu Oscuro comienzan su eterna lucha
    Las Razas Reptilianas se alzan en armas contra las demás
    Ataque de los pueblos reptiles a los Dwandir y los Tikki
    Ataque de los pueblos reptiles a los Dwaldur
    La Tribu de los Guardianes de la Gran Montaña aprende a forjar el hierro

 

 

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Cita

«Verde, superverde.»

Gigi Ciccerone