Número: -1. 4ª época. Año XXIII ISSN: 1989-6289
La operación Fall Gelb (plan amarillo) era el nombre en clave para las acciones militares alemanas contra Bélgica, Luxemburgo, Holanda y Francia. Los tres primeros eran países neutrales y Alemania no tenía, realmente, ninguna disputa con ellos, pero su conquista se convirtió en una necesidad para poder flanquear las defensas francesas de la frontera con Alemania (la famosa y, como se demostró, poco útil línea Maginot).
En realidad el plan era muy similar al que ya utilizaron los alemanes en la Primera Guerra Mundial (plan Schlieffen), lo que hace aún más sorprendente que volviera a funcionar. Sin embargo, Fall Gelb tenía una variante que no existía en 1914: los paracaidistas.
Eben-Emael era una fortificación fruto de la experiencia de belga con sus belicosos vecinos y aunque ya llevaban varios años hablando de ella, no sería hasta el periodo de entreguerras cuando se decidieron a construirla. El canal Albert comunicaba Bélgica y Holanda y sobre él pasaban tres puentes de importancia estratégica. La fortaleza de Eben-Emael fue construida para proteger los puentes que, desde el punto de vista alemán, eran vitales para llevar la guerra relámpago hasta Francia.

La fortaleza había aprovechado una colina natural de unos 120 metros de altura, y unos 900 de ancho y 700 de ancho. El canal protegía el lateral norte y este de la instalación y en la zona norte oeste había una zanja antitanque de casi medio kilómetro de largo por diez de ancho. En el suroeste había un edificio de dos plantas con dos cañones de antitanque de 60 mm más tres ametralladoras. El complejo se protegía con una cúpula de hormigón de 20 cm de espesor que permitía dar las órdenes de tiro a las baterías. Había un bloque similar en el lado occidental, con la diferencia de que tenía un portón que permitía realizar contraataques. Y un tercero en el lado sureste con dos ametralladoras en vez de tres. Junto al canal había dos fortines más pequeños con un cañón de 60 mm y tres ametralladoras. Además, había diversos emplazamientos de artillería de campaña con cañones de 75 y 120 mm y alcances de 11 kilómetros o más.

Un ataque directo contra la fortaleza era una locura, pero Eben-Emael tenía un talón de Aquiles: apenas tenía defensas antiaéreas y una fuerza aerotransportada podía acercarse a las instalaciones casi sin oposición. Los alemanes decidieron aprovechar esa debilidad. Pero había un problema, aunque los paracaidistas llegaran a la fortaleza, ¿cómo haría para superar sus formidables defensas? Fue ahí cuando entró en liza el departamento de armas y puso sobre la mesa el Hohllandungwaffe (una carga hueca) que permitiría a los paracaidistas atravesar los gruesos muros de hormigón.
437 paracaidistas alemanes (de los cuales 10 eran oficiales) todos voluntarios participarían en la operación para capturar la fortaleza. Todos ellos se entrenaron en secreto desde noviembre de 1939 y muchos no sabrían su destino hasta pocos días antes de la operación. Las tropas se encuadraron en varios grupos de asalto y cada uno de ellos tenía un objetivo.
Los planeadores despegaron de sus pistas a las 04:40 horas del 10 de mayo. Querían pillar a sus objetivos dormidos, pero necesitaban llegar a la zona cuando ya empezará a amanecer para poder aterrizar sobre el techo de la fortaleza. En el viaje, dos planeadores se soltaron antes de tiempo y regresaron a Alemania. El resto continuó hasta un punto cercano a la frontera donde 3 reflectores que alumbraban hacia el este indicaban la zona de liberación de los planeadores. Sin embargo, debido al tiempo de cola, la formación llegó demasiado pronto y los remolcadores tuvieron que dar vueltas para volver al horario establecido. Esto alertó a las baterías antiaéreas de la frontera holandesa, pero sus disparos no tuvieron consecuencias. A la hora establecida y desde la altitud prevista, los planeadores supervivientes fueron liberados. Unos 14 minutos después llegarían a su destino.
La misión de los remolcadores no terminó ahí pues tras una serie de maniobras para desprenderse de los cables remolcadores cruzaron la frontera belga y lanzaron 120 señuelos (muñecos paracaidistas) y, según las crónicas, parece que el engaño fue bastante exitoso desorientando a los mandos enemigos.
La misión tenía cuatro objetivos: los tres puentes y la propia fortaleza de Eben-Emael. A cada uno de estos objetivos se encaminó uno de los Sturmgruppe (o SG).

El SG Beton aterrizó al oeste del canal cerca del puente de Vroenhoven y allí se enfrentaron a tropas de la 18º regimiento de infantería belga que dispararon sobre los planeadores y alcanzaron uno obligándole a un aterrizaje forzado que provocó tres heridos de gravedad. El SG Hoffmann aterrizó muy cerca de la entrada del búnker que estaba en el acceso occidental del puente. Pudieron acceder al búnker porque la sorpresa fue total y la puerta de este se encontraba abierta. Gracias a eso localizaron el detonador de demolición del puente y lograron inutilizarlo. Sobre las 06:00 toda la infantería belga había sido eliminada o capturada y muchas habían huido cuando los aviones alemanes ayudaron a los paracaidistas. Primer objetivo del día conseguido.

El SG Stahl (diez planeadores) aterrizó cerca del puente del Veldwezelt (entre 400 y 1000 metros del puente). Un planeador fue derribado por el fuego defensivo, pero pudo aterrizar sin consecuencias para sus ocupantes. Otro planeador (al mando del Oberjäger Ellersiek) cayó junto a la puerta del búnker que protegía el acceso al puente y que aún tenía la puerta abierta. Lo neutralizaron con granadas y lanzallamas. Un segundo búnker en la parte inferior de uno de los pilares del puente fue inutilizado bloqueando sus puertas con explosivos. Los defensores (15) no pudieron participar en la batalla. Sin embargo, los belgas estaban al otro lado del canal y no estaban dispuestos a ceder. Los paracaidistas, además de tratar de echarlos, recorrían el puente anulando las cargas explosivas. La llegada de refuerzos aéreos debilitó la defensa belga que acabaría cediendo a las 06:30 horas. Segundo objetivo del día conseguido. Los belgas contraatacarían unas horas después, pero no lograrían expulsar a los paracaidistas.
El SG Eisen fue recibido con fuego antiaéreo procedente desde el sur lo que les obligó a algunas maniobras que les hicieron perder tiempo. Las descargas de los cañones no pusieron a la guarnición en alerta, pero sí al mayor Jorttrand que ordenó la demolición del puente de Kanne. A la 05:35, los planeadores se acercaban a su objetivo cuando el puente saltó por los aires. Los recibieron con bastante fuego y algún planeador fue derribado, pero a lo largo de la mañana fueron controlando toda la orilla occidental (donde habían aterrizado) y dejaron algunas unidades belgas aisladas en la oriental. El tercer puente y objetivo del día no se había logrado.
El SG Granit (reducido a 9 planeadores) aterrizó sobre Eben-Emael a las 05:20. Cada uno de los grupos de asalto (o Trupp) tenía un objetivo concreto y hacia ellos se dirigieron nada más tocar tierra. Era una estructura de asalto más parecida a los comandos que a tropas regulares, pero, por eso, funcionó bien. Cada grupo se encargaba de su objetivo y se desentendía del resto de la batalla. La pérdida de algunos planeadores, dejó algunos objetivos sin grupo de asalto, pero previendo esa dificultad, las tropas habías sido reforzadas con más armamento lo que les permitió alcanzar esos objetivos tras acabar los primeros. Para saltar las cúpulas y las fortificaciones los paracaidistas hicieron uso de cargas de 50 kilos y de 12,5 kilos y los informes posteriores señalan que las de 12,5 funcionaron mejor que las más pesadas. Aun así, los defensores de Eben-Emael se vieron superados por el techo y muchas de sus cúpulas, cañones o ametralladoras fueron destruidas desde el techo. Cuando se dio la alarma de la fortaleza, los defensores creyeron que el perímetro estaba siendo atacado y se aprestaron a defenderlo como les habían entrenado, pero nadie comprobó el techo y el éxito de la operación está en atacar por un flanco que los belgas no imaginaron. Las baterías belgas en la zona de Maastricht dispararon contra Eben-Emael. Sabían que no le harían nada a la fortaleza, pero esperaban sorprender a los atacantes. Estos, recibieron el fuego de artillería refugiados en las propias casamatas y fortines que habían capturado. No controlaron toda la instalación y algún cañón siguió disparando sin excesivo peligro.
Todo finalizaría cuando las vanguardias alemanas llegaron a Maastricht (cuyos puentes habían sido volados) y cruzaron el Mosa utilizando ferris y botes de goma. Eben-Emael se rendiría sobre las 12:15. Cuarto objetivo de la misión conseguido.
El asalto a Eben-Emael y a los puentes sobre el canal tuvo varias consecuencias. La más importante es que facilitó las operaciones alemanas de Fall Gelb haciendo que el ataque sobre Francia fuera más rápido y letal. Pero la segunda consecuencia es que estableció la importancia del arma paracaidista y los fallschirmjagers alcanzarían un merecido renombre como unidades de élite (fama que les duraría hasta Creta) y que influiría en las decisiones Aliadas (incluyendo a los rusos) sobre este tipo de unidades.