Número: 252. 4ª época. Año XXIII ISSN: 1989-6289
Escuchando un vídeo el otro día, uno de los participantes (el capitán Mordigan) habló de la diferencia entre una campaña y unas aventuras en serie (él no usó esa palabra), pero quedaba claro que su concepto de campaña y el mío no coincidía. Él ve la diferencia en el contenido (en la estructura del contenido) mientras que yo solo me fijaba en la duración. No se trata de ver quién lleva razón, sino que me hizo darme cuenta que no manejamos la misma semántica y me pregunto en qué otros términos pasa.

En los últimos años se han publicado muchos libros sobre las bambalinas del rol. Cómo hacer partidas, como dirigirlas, como jugar. Es muy interesante porque analizan la afición desde un punto de vista serio, académico y ofrecen ayudas a aquellos que quieran profundizar, pero, debo decir, que los libros que han llegado a mis manos (no son todos) ninguno dedica mucho espacio a la definición de los términos. Muchas veces se dan por supuesto y, como descubrí, es una suposición quizás inexacta. Me planteo que, ahora que nos ha dado por estudiar el rol, quizás sea el momento de crear un diccionario de términos roleros.
Cuando no conozco el significado de una palabra acudo a un diccionario (y en este caso a la RAE). Debo decir que no tenía ninguna esperanza de que hubiera referencia en el diccionario al término rolero y aunque algunas acepciones militares se podrían aplicar, no son definiciones nuestras. Esto me llevó a un segundo pensamiento: ¿Cuántos académicos de la Real Academia de la Lengua juegan a rol? Y considerando que tienen asientos vacíos, ¿no va siendo hora de que metan a alguno?