Nº: 255 . 3ª época. Año VI
General: El arte del insulto elaborado Por: Juan Becerril
 
 
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El arte del insulto elaborado

Nota para el lector: este artículo tiene como objetivo ofrecer una visión del insulto de cara a una partida de rol y dar ideas de interpretación. En ningún momento se pretende fomentar las faltas de respeto entre personas de carne y hueso.

El lenguaje castellano es muy rico. La lengua de Cervantes nos ha regalado verdaderas obras maestras de la literatura, así como una cantidad de posibilidades de comunicarnos. Lo hablan tantas personas que para referirnos a la misma cuestión podemos no llegar a entendernos en un inicio, pues para decir lo mismo el código de lenguaje es totalmente distinto. Una palabra sin importancia en un país puede tener un significado inesperado para el visitante en nación ajena (siempre recordaré mi viaje a México por el verbo sinónimo de agarrar). Esa amplitud del español es aplicable a muchos ámbitos, entre ellos, al arte del insulto.

Además, hay formas de insultar. La faltada común y normalmente burda nos la sabemos todos, pero precisamente puede ser un arte porque se puede ofender de forma fina, sibilina y con retranca. Decir a alguien que es tonto es lo fácil; expresar que la inteligencia persigue al individuo, pero que el susodicho es más rápido... ¿Se dice lo mismo? Sí. ¿Tiene el mismo efecto? No.

Partiendo de la base que cada personaje es un mundo, al igual que la gente real, aquí se ofrecen una serie de frases que pueden servir de ejemplo para insultar de una forma alternativa:

- Hay bombillas que salieron fundidas de la fábrica.

- En el tambor de la lavadora suena una moneda.

- Tienes menos luces que un 28 de abril (lo bueno que tuvo el apagón es que nos regaló esta frase).

- El maquillaje no tapa todos los defectos. La falta de inteligencia, por ejemplo.

- Un burro puede fingir ser un caballo, pero tarde o temprano rebuzna.

- No merece la pena insultarte, ya lo hizo la Madre Naturaleza por mí.

- Si la estupidez la pudieras convertir en oro serías absurdamente rico.

- Aprecio enormemente que hagas el esfuerzo por comprender lo que estamos haciendo.

- Mira que tengo las expectativas bajas contigo, pero oye, siempre me sorprendes…

- Con tanto ruido alrededor me encantaría estar en tu mente. Tiene que ser un lugar tan tranquilo y silencioso…

- Qué bonito es verte opinar sin filtro alguno. ¡Digno de admiración!

- Te lo explicaría con más lentitud, pero no creo que la velocidad sea el problema.

Al margen de los insultos elaborados, hay una serie de palabras que casi podrían considerarse parte del castellano antiguo, y que un personaje ciertamente snob y redicho podría utilizar. Entre ellos: badulaque, botarate, gaznápiro, lechuguino, mentecato, mequetrefe, pisaverde, tarabilla, zascandil...

Como resumen y para cerrar esta intervención, me gustaría decir una última cosa: qué bonito es el lenguaje castellano.

 
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