Nº: 248 . 3ª época. Año VI
Rol Negro: Silencio en Clausura Por: Roberta Alias
 
 
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Silencio en clausura

Fray Tomás de la Cruz, 58 años, ha muerto de un infarto en el monasterio de clausura del barrio Gótico. Era joven, pero la vida monacal no es la más saludable: pocas horas de sueño, alimentación frugal, vida sedentaria, lo que hace más razonable la muerte. La policía rellena los papeles de rigor, una autopsia rápida y cierra la investigación. Sin embargo, en el obispado de la ciudad están inquietos. Un religioso meticuloso ha dado con cierta coincidencia y, como sabe, el demonio es el padre de las coincidencias. Cinco muertos en pocos años no puede ser casual.

Los personajes tendrán que descubrir una trama de venganza dentro del monasterio. Varios de los asesinados habían sido señalados como abusadores de niños, aunque sus casos nunca habían salido a la luz; uno de los internos, víctima de abusos similares (aunque no por los fallecidos), no quiso que quedaran impunes e hizo que se encontraran con Dios antes. Sin embargo, alguien se dio cuenta de lo que pasaba y cuando estaba reuniendo pruebas, fue la siguiente víctima.

Dirigir la aventura

Esta no es una partida de acción, sino más bien de personajes donde las miradas y las cosas no dichas pueden tener más importancias que el cuchillo ensangrentado. No es una partida complicada (creemos), así que no apresures a los jugadores. Tómatelo con tranquilidad y déjales hablar y especular.

No esperes una escena de acción final con un enfrentamiento a muerte con el o los villanos. El asesino podrá luchar si lo acorralan, pero es más fácil que tengan que evitar que se suicide antes que defenderse ellos de una agresión. Esta es una investigación algo más clásica y hay que responder a las preguntas: ¿Quién, cuándo, cómo y dónde? El cuándo está más o menos claro: en las habitaciones de los fallecidos por la noche, pero para el resto de preguntas tendrán que encontrar respuesta. Habrá pruebas que señalen a un culpable, pero no esperes ADN o manchas de sangre. Esto es una residencia eclesiástica, no el CSI.

El convento tiene que estar siempre presente y es parte de la gracia de dirigir esta aventura. Es un edificio moderno (del siglo XX), pero es un lugar religioso. Hay mucho silencio, pocas prisas y una campana suena en la megafonía para llamar a la oración. Se oyen más las cucharas en los platos durante la comida que las conversaciones. El silencio debe ser también protagonista. Recalca los estímulos sonoros y si gritan o derriban una pared que se oiga en todas partes.

Los hermanos del convento son, ante todo, personas. No son santos. Los hay amables, ariscos, pueden tener un día bueno o malo. Se acaba de morir un compañero y es normal que estén todos abatidos y es normal que les molesten las insinuaciones maliciosas.

Y por último, Dios está en todas partes (incluso en las manos del asesino). Ese pensamiento puede chocar mucho en la mente de los no religiosos, pero para los habitantes del monasterio es una verdad incuestionable. ¿La sopa está sosa? Dios ha querido que así sea. No es tanto que deleguen las decisiones de las cosas (¡Dios dirá!) sino que están convencidos de que todo es designio suyo (incluso la llegada de los PJ). Este sentimiento tiene que estar presente en las conversaciones y en el día a día de la investigación.

Los personajes

Crea a los personajes como investigadores. Intenta que los personajes tengan contactos con la policía, con algún periodista y con el propio episcopado. No es necesario que sea un contacto de alto nivel y ni siquiera tiene que ser directo, puede ser un amigo que tenga ese contacto. Por ejemplo, el jefe de los PJ podría conocer a alguien en la policía y que tengan que acudir a él para conseguir información de esta.

Por otro lado, los personajes son detectives de Cunia y forman parte de una empresa de detectives con buena reputación si les han llamado para ese trabajo. Si ya tienes el grupo de detectives creado por otras partidas o campañas, haz que se hayan cruzado con el obispado (o con alguna iglesia) en alguna ocasión y que esa sea la razón de que les contraten. Si no, el jefe de los PJ sí tendrá ese contacto.

Al grupo le acompañará un personaje (el hermano Andrés) que es el representante del obispado en la aventura. Está pensado como un PNJ, pero si tu grupo de juego tiene jugadores flotantes (los que no juegan todas las partidas) es una buena oportunidad para utilizar un PJ temporal con tu grupo de jugadores habituales.

La reunión

Esta es la escena inicial de la partida. Los personajes (y su jefe) se presentarán en el obispado a petición del secretario del obispo de Cunia y tendrán una reunión con él. Está el jefe con ellos, así que no se espera que los PJ hablen, pero déjales que metan baza si creen que es importante. Además, junto al secretario habrá un cura que no presentará hasta el final.

El secretario les comentará que un hermano del convento del barrio Gótico ha muerto con 58 años. La policía ha determinado que el fallecimiento es por causas naturales (un infarto), pero el obispo quiere indagar un poco más en la muerte. Al decir esto mirará brevemente al cura presente (TA de Descubrir para darse cuenta; si lo hacen notarán que el secretario no está tan de acuerdo con la versión de los asesinatos y que el cura junto a ellos es responsable de algo). En todo momento, el secretario se mostrará correcto, algo frío y muy medido en sus palabras. Él no lo ha dicho, pero tiene el perfil de un abogado.

Les contará que Fray Tomás de la Cruz, nombre del difunto, murió en su celda de un infarto al corazón en un convento de clausura con unos 25 religiosos. La policía no está investigando nada, pero el obispo cree que hay demasiadas coincidencias en ese convento pues es el quinto religioso que fallece de muerte natural en pocos años. Los fallecidos podrían tener enfermedades, pero eran todos relativamente jóvenes (entre 50 y 60 años) como para que no se trate de una sospechosa casualidad. Y en ese momento presentará al cura presente en la sala: «Nuestro hermano Andrés» y le señalará «está convencido de que hay un asesino en el convento».

Luego señalará cosas que deberían ser obvias, pero que dirá para que nadie pueda decir que no se lo dijeron:

- No quieren ningún escándalo en la prensa, así que el hermano Andrés investigará con ellos y él informará de todo al obispado. Además, el hermano Andrés les facilitará su acceso al convento.

- Tampoco quieren que se avise a la policía que han dado el caso por cerrado. Si hay algo, ya se encargarán ellos de informar a la policía.

- Se debe perturbar lo menos posible las rutinas del convento y de los 25 religiosos que hay en él.

Les preguntará si tienes alguna duda. Su jefe guardará silencio y si tus personajes son inteligentes ellos también deberían guardarlo, pero si hacen preguntas poco pertinentes (como «pásennos los nombres y fichas policiales de los 25 religiosos»), el jefe les cortará e indicará que empiecen la investigación. Vamos les estará echando antes de que le dejen mal delante del que paga. El hermano Andrés les acompañará cuando salgan del despacho.

El hermano Andrés

Los jugadores suelen sospechar de los PNJ que les «asignan» como acompañantes. Este no es el caso. El hermano Andrés no tiene nada que ver con los hechos ocurridos en el convento, pero es una persona observadora (un ratón de biblioteca) y sí descubrió la coincidencia de las muertes. Cuando se lo comentó al secretario, este no le hizo mucho caso, pero dio la casualidad de que el obispo le escuchara (casualidad forzada por él mismo) y le creyera.

El secretario cree que es un tipo ambicioso que solo busca escalar en la congregación y de ahí surgen esas miradas condescendientes que le ha dedicado durante la reunión. El hermano Andrés sufre el «pecado» de la curiosidad. Le gusta que las cosas encajen. Sería el equivalente a un científico con sotana. Es joven, humilde, amable y le gusta hablar. Pertenece a esa nueva generación de sacerdotes que cree que la iglesia debe ser abierta, sin tanto oscurantismo. Es culto, pero sabe cuál es su papel, no intervendrá a menos que le pregunten. Eso sí, si ve que están metiendo la pata en el trato con los miembros del convento, intervendrá para evitar que vaya a mayores.

No sabe mucho del caso en sí, por otro lado. Conoce las cinco muertes y poco más. Nunca ha estado en el convento ni forma parte de él y no tiene mucha idea de cómo pueden haberse perpetrado los asesinatos (si finalmente fueron asesinatos). Lo que sí le han grabado a fuego es que tiene que evitar que la noticia salga de las paredes del convento. Cuanta menos gente lo sepa, mejor.

Primeros pasos en el Convento

Si tus personajes esperaban un claustro románico de grandes pasillos y celdas frías se van a llevar una decepción. El convento del barrio Gótico es un hotel (más bien una pensión) que pasa desapercibido en el barrio. Los sacerdotes utilizan las habitaciones como sus celdas (más calientes y cómodas que las medievales); hay 4 plantas con 10 pequeñas habitaciones en cada una, salvo en la primera donde hay un par de habitaciones se han convertido en un despacho y otras 3 en un centro de estudios con varios ordenadores. La terraza es plana y los curas la han convertido en una especie de invernadero donde cultivan muchas hierbas y verduras. La planta baja tiene los servicios comunes, incluso una pequeña capilla donde los hermanos realizan sus oficios. Y el sótano esconde varios almacenes y toda la maquinaria del edificio (incluso un moderno servidor de internet).

La puerta de entrada es una puerta vieja de madera tras la que hay una reja tras la que se adivina un sitio oscuro, viejo y silencioso. Los visitantes (comerciantes y familiares) permaneces en ese espacio o portal y no se permite el acceso al interior. Afortunadamente, los personajes van con el hermano Andrés quién dirá que es el enviado del obispo (en realidad es el enviado del secretario, pero pecará de vanidad). El cura que les recibe dirá que el prior (el superior del convento) les ha avisado de su llegada. Cuando crucen la entrada, el olor a incienso les rodeará (pero una TA de Descubrir les permitirá saber que el incienso esconde el olor del desinfectante).

Deja libertad a tus personajes para que inicien la investigación como deseen, pero la impresión general es que los religiosos son educados con las visitas, ero reservados y les costará hablar (tampoco es que practiquen mucho la conversación en esas paredes). No parecen sorprendidos por la muerte porque fray Tomás era amigo de algunos excesos (no se privaba del azúcar ni de la bebida, no hasta el punto de emborracharse todos los días, pero la copita tras las comidas no se la quitaba nadie).

El convento tiene una fuerte rutina basada en el «ora et labora» (reza y trabaja) y tienen el tiempo repartido entre la oración y las diferentes tareas del monasterio y siguen con cierta rigidez la «Liturgia de las horas» (un poco medieval, sí):

· Vigila (6:00) - oración.

· Laudes (7:30) - oración.

· Tercia (09:00) - oración.

· Labora (10:30) - cada hermano tiene su propio trabajo: huerto, limpieza, ordenadores, etc.

· Sexta (13:30) - oración.

· Comida (14:00) - normalmente acampada de la lectura de algún pasaje o estudio eclesiástico. Uno de los hermanos se encarga cada día de seleccionar el texto y leerlo. Se van turnando.

· Labora (15:00) - cada hermano tiene su propio trabajo: huerto, limpieza, ordenadores, etc.

· Nona (17:30) - oración.

· Lectio Divina (18:00) - tiempo de recogimiento para la lectura de los textos sagrados.

· Vísperas (19:00) - oración.

· Cena (20:00) - se permite la charla entre los hermanos.

· Completas (21:30) - última oración del día antes de acostarse.

No se mostrarán enfadados, pero sí molestos si alguien les hace romper la rutina diaria. Sus caras mostrarán claramente que preferirán que no les pregunten cosas y seguir con sus quehaceres. En las horas de oración (que son muchas), no les atenderán.

La habitación del muerto

Cuando decidan visitar la habitación del fallecido, descubrirán que está en la segunda planta y que es una habitación pequeña con una cama, un pequeño escritorio con una serie de enchufes en la mesa. Una puerta estrecha da a un pequeño baño con lavabo, inodoro y una pequeña ducha. Quizás les sorprenda tanto lujo en un convento, pero estamos en el siglo XXI, algunas comodidades, como el agua caliente, no disgustan a Dios.

En la habitación hay solo dos detalles personales: un crucifijo sencillo colgado en la cabecera de la cama y una postal de Roma (en concreto la plaza de España de la ciudad) pegada a la pared con esa goma adhesiva destinada a fijar los poster.

Si buscan por la habitación descubrirán que fray Tomás tenía ropa de calle en su armario. No es lo habitual ya que los curas del convento suelen tener sotanas como único vestuario, pero nada les impide tener ropa de seglar.

En los cajones del escritorio descubrirán un par de cosas:

- Un libro de teología moral

- Un compendio médico moderno

- Y un cuaderno barato para tomar notas. No hay nada escrito, pero si lo miran a contraluz o utilizan el truco del lápiz (TA de Descubrir) descubrirán que anotó dos frases: «No es castigo divino» y «El cuerpo falla del mismo modo». Podrán también descubrir que alguien ha arrancado la hoja donde estaba escrito con cierta precipitación (ha dejado restos en el lateral, cosa que no pasa en el resto de las hojas).

Cosas que no encontrarán:

-Medicinas. No parece que fray Tomás se estuviera medicando (esto lo podrá confirmar el médico). Se puede deducir que no estaba enfermo o si lo estaba, no se preocupaba por ello.

En la enfermería

El convento tiene un médico fijo aunque no es interno. Viene varios días a la semana y atiende a los hermanos, pero también está disponible para emergencias. Trabaja en la Seguridad Social (esto no es cierto), pero este segundo trabajo es un ocupación paralela. El convento no paga sus honorarios ya que los gastos los cubre un mecenas cuyo nombre quiere que permanezca en el anonimato. Considerando que estamos en el barrio Gótico es bastante probable que Rafael González sea esa persona.

El médico, Don Anselmo, firmó el certificado de defunción y fue quién dio el primer informe de un fallo cardiaco (informe que luego fue confirmado por el forense de la policía). El certificado médico está firmado por él como médico de la congregación.

Si le preguntan por la muerte, les confirmará lo que ya dijo en su día. El corazón le falló mientras dormía. Él cree que tenía alguna dolencia que no habían detectado, pero sería necesarias unas pruebas (caras) para confirmarlo.

Tarde o temprano, los personajes descubrirán que la firma del médico está en todos los extraños fallecimientos y si les preguntan por ellos les contará que, aunque no lo parezca, el convento es bastante exigente y su rutina repetida todos los días puede pasar factura. No son hombres jóvenes y no es raro que puedan padecer un ictus, un infarto o un fallo respiratorio (estas son las causas de las muertes, pero si se lo piden al prior podrán comprobar los expedientes de los hermanos muertos).

Una de las cosas que les llamará la atención es lo bien provisto que está el armario de medicinas (y, en general, toda la enfermería). Es la típica alacena antigua con cristales en las que puede verse el interior. A los personajes pueden sonarles algunas (las más habituales), pero los que tengan algún conocimiento de medicina (más de 10 o superen una TA de la misma difícil) se darán cuenta que algunas medicinas son bastante caras y otras les son desconocidas. Además, hay botes herméticos con semillas, hojas, raíces y demás elementos que uno espera encontrar en casa de un brujo, no de un médico.

Si le preguntan por las medicinas, les comentará que un mecenas de la congregación es un importante farmacéutico y que las medicinas son cosas suya. Lo que no dirá es que es Esval, S.A. que fue acusada hace unos años de esparcir un virus soviético de la Guerra Fría por la ciudad. En algunas medicinas se puede ver el nombre de la empresa (TA Descubrir). Nota: algunos de los medicamentos son experimentales y sí, algunos hermanos son cobayas de ellos sin saberlo. El médico no está limpio, pero no es nuestro asesino (al menos no directamente).

Si le preguntan por los potingues, les confesará que es algo chapado a la antigua (no es del todo cierto) y que esas cosas se cultivan en la terraza superior del hotel. Uno de los hermanos (Tobías) se encarga de recolectarlas y pasárselas. Las utiliza para dolencias leves como el dolor reumático, las dificultades intestinales y similares. Un personaje con conocimiento químico podría corroborar esa versión, pero uno con conocimiento botánico sabrá que ahí hay algunas cosas bastante venenosas. Para saber que alguna de ellas puede provocar los síntomas de los fallecidos, será necesario descubrir qué son (coger y analizar muestras o hablar con el hermano Tobías). Y sí, nuestros fallecidos fueron envenenados.

Segunda visita a la enfermería

Es posible que en la primera visita los personajes no descubran todas las cosas que esconde la enfermería y la visiten una segunda o tercera vez. No es extraño; en estas visitas sucesivas, los personajes andarán buscando cosas concretas o tratando de demostrar algunas teorías. Si lo descubren al principio, no se lo ocultes, pero lo hemos querido poner aparte por organización de la información.

Un vistazo detenido del armario de las medicinas mostrará algunos medicamentos que no están en circulación. No es que sean ilegales o que los hayan comprado en una web indonesia. Son medicamentos que están en fase experimental a los que Don Anselmo tiene acceso polar sus contactos profesionales. No están legalizados, pero sí están en la fase final. Son como muestras gratuitas que la farmacéutica le da para abaratar los costes médicos de la congregación. No son curas milagrosas del cáncer, al revés, son antigripales y similares. Medicinas para problemas pequeños.

Nota. Don Anselmo tiene un acuerdo (y un sobresueldo) con la farmacéutica que le pasa medicinas en experimentación para que pruebe con los religiosos. Estos no se van a quejar y nadie se va a enterar de lo que toman. El médico toma nota de la reacción y se la pasa a la farmacéutica.

En la misma vitrina hay una gran cantidad de sedantes y de medicinas para dolencias raras que ninguno de los pacientes padece. Es solo un botiquín por si acaso se defenderá Don Anselmo. En realidad acabo tirándolas cuando caducan.

Nota: digamos que Don Anselmo las revende en el mercado negro. Los curas no le pagan mucho (no es cierto, se lo paga un mecenas y sí le paga mucho, pero es avaricioso) y tampoco es que tenga muchos clientes adicionales.

Y por último, la enfermería está, realmente, muy bien equipada. Es posible que un equipo de ecografía no sea algo raro, pero en una enfermería de un convento choca un poco. Pero no solo eso, todo es de calidad: la camilla para atender a los pacientes, los equipos de monitorización, oxígeno independiente, incluso las propias batas parecen de las buenas (no de las que compró el hermano del alcalde en la pandemia).

Nota: aquí no hay ningún misterio. En realidad los mecenas del convento quieren lo mejor para la congregación.

Las otras muertes

Como ya hemos dicho, todos los certificados médicos fueron firmados por Don Anselmo. Esto no es extraño porque es el médico del convento y siempre que alguien se pone enfermo o le pasa algo le llaman a él. A veces puede salvarlos y a veces llega demasiado tarde y solo puede certificar la muerte. Todas las muertes ocurrieron de noche, lo que no ayudó al médico a llegar a tiempo.

Para poder acceder a los datos de los fallecidos necesitarán la intervención del hermano Andrés. Descubrirán que los fallecidos están entre los 65 y 70 años, excepto el último que no llega a los 60. Todos desarrollaban alguna actividad del convento de las llamadas formativas (los más mayores) o de custodia (fray Tomás); es decir, de los que enseñan a los novicios (y a algunos niños del barrio) y de los que se encargan de la gestión de la orden.

Lo que llamó la atención del hermano Andrés fue la corta edad del último fallecido. Que murieran cuatro ancianos cercanos a los 70 podía ser una casualidad. No es una edad tan alta como para morirse en pleno siglo XXI, pero, como hemos dicho, la vida monacal puede ser muy exigente y los ancianos, es cierto, estaban algo debilitados, pero la muerte de fray Tomás lo desvela todo porque él no encaja en el patrón. ¿Cómo puede alguien tan joven tener un infarto? Tratando de responder a esa pregunta llegó a los cuatro casos previos y de ahí al prior y a los PJ.

Los expedientes

Para acceder a los expedientes de los fallecidos necesitarán la autorización del prior y, si no son muy buenos convenciendo a ancianos temerosos de que unos extraños aireen trapos sucios de su congregación, necesitarán la intervención del hermano Andrés que le recordará al prior que es enviado del obispo y que si prefiere que se los pida él. Los PJ le convencerán si le advierten que las muertes no han finalizado y que otro hermano aparecerá muerto (si le ponen tono del libro del Apocalipsis, se convencerá). Al final accederá, pero con ciertas reticencias, les pasará varias carpetas, una con documentación de cada fallecido.

Cosas que descubrirán buscando datos en los expedientes:

- Solo el último fallecido pertenecía a la congregación. El resto habían acabado en ella tras haberse trasladado desde otros sitios (no se indica el motivo del traslado): uno de Sudamérica (aunque es español), uno de Sevilla, otro de Logroño y el cuarto desde Madrid. Solo fray Tomás era original de Cunia y solo él entró en el convento como novicio.

- En ninguno de los expedientes se indica que estuvieran recibiendo algún tipo de medicación, aunque hay algunas notas del médico que señalan alguna medicación temporal contra dolencias menores (aspirinas, diuréticos y cosas así). No tenían tratamiento para ninguna de las enfermedades por las que fallecieron. Una TA de medicina permitirá descubrir demasiados análisis para las víctimas. Algo que no es habitual, pero el médico lo justificará diciendo que lo hace con todos los pacientes. Uno de los mecenas de la congregación es un laboratorio médico.

Tras estos datos, es posible que los personajes se pregunten de dónde son el resto de la congregación. Todos ellos son de Cunia o cerca, excepto dos: el hermano Tobías y Fray Guillermo.

Segundos pasos en el convento

Una vez tomado el pulso al caso y teniendo claro que algo raro ha pasado (compartiendo la teoría del hermano Andrés y del obispo), los personajes querrán compartir algo de tiempo con los religiosos y tratar de descubrir motivaciones ocultas en ellos. Parece claro que hay un asesino en la congregación, pero quién o por qué.

Es el momento de charlar con los hermanos o de hacer investigaciones fuera del convento.

El prior

Una persona anciana, pero firme que lleva mucho años como responsable del convento. Es bastante estricto y cree que la disciplina es la mejor forma de mantener las cosas en su sitio. En cierta forma es un antiguo que aún no ha llegado al siglo XXI. La sala de ordenadores de la primera planta fue una concesión a los hermanos a regañadientes, pero reconoce que los ingresos que obtienen con trabajos informáticos les vienen muy bien. No, los miembros del convento no son hackers ni nada por el estilo, se dedican a temas tan mundanos como la asesoría contable y la contabilidad, el diseño gráfico o la maquetación (de hecho, maquetaron los libros de la famosa y efímera editorial de rol: Ediciones Ibéricas - 04681).

Evitará dar detalles sobre los hermanos (vivos o muertos) y les dirá, completamente convencido, que Dios proveerá. Quizás ellos (los PJ) son la forma en la que Dios actúa para mandarles un mensaje, pero aún no tiene claro cuál es el mensaje: si de ayuda o de advertencia.

El prior no tiene nada que ver con los asesinatos y, en cierta forma, le horroriza pensar que la teoría del hermano Andrés sea cierta porque podría significar el cierre del convento. Está enclavado en un sitio muy interesante de Cunia y el prior conoce diversas ofertas para convertirlo en residencias vacacionales o en un hotel de lujo. Es difícil luchar contra la especulación inmobiliaria y la codicia del obispado (aunque esto no lo expresará en voz alta).

El prior tiene acceso a todos los cuadrantes de actividades del convento. Sabe quién ha hecho qué en cada momento. En los buenos tiempos lo hacía a mano, pero ahora se encarga el hermano Antonio de hacerlo. Pueden pedírselos a él después de que el prior le autorice a hacerlo.

Don Anselmo

Muchas de las cosas que podrán hablar con el médico, las hemos comentado en el apartado dedicado a la enfermería, pero te contaremos su historia:

Don Anselmo no es un buen médico. De hecho, le echaron de su trabajo en la seguridad social por hacer acuerdos con las farmacéuticas en el hospital en el que trabajaba (consumía más medicamentos de los necesarios). Argumentó que estaba cargado de horas de trabajo y que las diferencias se podían deber a errores fruto de ese cansancio, pero el tribunal no quiso saber nada de sus excusas. No le denunciaron y debería estar agradecido por ello.

Desde aquel incidente, el hombre ha ido dando tumbos como representante farmacéutico y sin encontrar trabajo como médico. Todo cambiaría cuando Rafael González le propuso encargarse de los religiosos del convento a cambio de un salario fijo (aunque moderado). Cualquier persona sabría que era una oportunidad que debía aprovechar, pero Don Anselmo tiene gustos caros y volvió a las andadas con los medicamentos.

Sin embargo, él no es el asesino. Sus certificados de defunción no le ocultan a él, pero el asesino le hace chantaje porque conoce su historia y sabe lo que está haciendo con sus hermanos de congregación. Don Anselmo no sabe cómo los mata, solo evita hacer pruebas a los muertos que le permitirían saberlo.

Hermano Antonio el «Chispas»

Solo le llaman «Chispas» los hermanos en la intimidad y no siempre delante de él. Es un apodo cariñoso que hace referencia a su papel dentro del monasterio, pero cualquier extraño que le llame así se ganará una reprimenda de cualquier hermano que le oiga y la antipatía del propio Antonio.

Oficialmente es el encargado del aula de informática, pero, en la práctica, es un poco el jefe de mantenimiento. Cuando hay que arreglar algo, él se encarga. Las labores más complicadas, como cambiar el aire acondicionado por uno nuevo, no las hace él, pero los enchufes, los desagües, las tomas de tierra no se le resisten. Además, es un avezado conocedor de informática y si alguno de los PJ sabe del tema, les sorprenderá de su conocimiento de redes y bases de datos. Habla un idioma que no todo el mundo entiende y que él, en broma, lo llama el idioma de Dios (aunque él lo escribe como D10s).

Él el responsable de mantener algunas de las fuentes de ingresos más importante del convento ya que dan servicio informático a muchas congregaciones que no solo tienen sus web alojadas en el sótano, sino también sus pasarelas de pago, su custodia de datos personales y demás. Se podría decir que el convento es el Silicon Valley de la Iglesia de Cunia y el hermano Antonio es su Bill Gates.

Es amable y abierto, aunque a veces cuesta entenderle si le preguntan cosas informáticas. Confirmará que fray Tomás tenía un portátil. Él mismo se lo preparó a petición suya. Le extraña que no esté en la habitación, pero, seguramente, se lo prestaría a algún hermano para que pudiera consultar cosas por la noche. Ya aparecerá, no le preocupa dónde pueda estar. Más allá del convento solo es una carcasa vacía. Lo importante está en la nube (que, en realidad, está en el servidor del convento).

Cree la versión del médico y del prior sobre la muerte y no ha relacionado esta con las anteriores. Si se lo dicen, dirá que cuando saque un momento consultará los datos (también están en la nube), pero nunca sacará tiempo para hacerlo. Teme descubrir cosas que no quiere saber.

Naturalmente, si le llevan el ordenador de fray Tomás podrá arreglarlo y ponerlo operativos, pero no necesita acceder al interior porque en el servidor está guardado todo el portátil gracias a una copia de seguridad diaria que hace con todos los sistemas (muchos años perdiendo cosas por apagones o pantallazos azules le vuelven a uno precavido). Esta información (poder acceder a los datos) sólo se la dará si se la preguntan. No es un chismoso y como responsable de la seguridad sabe que acceder a los datos es solo en caso de emergencia (el cree que fue muerte natural y nadie le ha sacado de su creencia).

No enseñará nada de la congregación sin la autorización previa del prior. Por ejemplo, para enseñarles el libro de horas (el cuadrante de actividades) necesitará que el prior se lo diga. De la misma forma, necesitarán autorización para ver el ordenador de fray Tomás.

Hermano José

El convento se encarga de ofrecer clases de refuerzo a los niños de la ESO que estén teniendo problemas. También dan clase de bachillerato, pero no las ofrecen públicamente, solo si los padres preguntan. Ellos lo ven como un servicio comunitario, de ayuda al barrio y, además, les permite hacer proselitismo de la fe católica entre tiernos infantes adictos a las pantallas, y ganan algo de dinero.

El hermano José es el principal profesor y responsable de la organización, pero en algunas asignaturas recibe ayudas de otros miembros del convento. Y sí, los cuatro primeros fallecidos le ayudaban con las clases. No eran malos profesores y todos los alumnos decían en sus evaluaciones finales que eran muy cariñosos.

¿Alguna denuncia de abusos de los niños? «Leen ustedes demasiada prensa amarilla» les responderá. Jesús dijo: «dejad que los niños se acerquen a mí y cualquier muestra de afecto hacia ellos no se puede convertir en una denuncia». Los niños no dicen que el hermano José sea cariñoso (de hecho, es bastante estricto), pero sí lo decían de los fallecidos.

Nota: si esto te huele a pederastia ocultada estarás en lo cierto.

Fray Guillermo

Es un entrañable anciano de cara bondadosa y barba blanca. De hecho, si no fuera porque es de la competencia, dirías que es papá Noel. Es el más anciano del lugar, más incluso que el prior, y es lo suficientemente mayor para que tenga dispensa de las tareas. Al pobre le cuesta bastante andar e intenta estorbar lo menos posible.

Él si se ha dado cuenta de que todos los fallecidos son más jóvenes que él y cree que no tardará mucho en que llegue su hora. Si Dios aún no se lo ha llevado es que le queda alguna cosa por hacer.

Él no sabe que todos los ancianos fallecidos fueron trasladados desde otros conventos (como él), pero si se lo comentan se pondrá nervioso porque empezará a pensar que va a ser el siguiente y que no es la mano de Dios la que está detrás de las muertes, sino la mano del demonio. Empezará a halar de trompetas, de serpientes, de las murallas de Babilonia derribadas… sí, me temo que se le ha ido un poco la cabeza. El médico se ofrecerá a darle un tranquilizante. ¿Le dejarán hacerlo? De todas formas, no le gusta el médico, dice que huele raro, y que las cosas han cambiado desde que él llegó. «Antes esto no pasaba» dirá en más de una ocasión como una coletilla.

Es cierto que Fray Guillermo fue trasladado desde otro convento, pero fue porque aquel cerró. Dejó de tener suficientes hermanos y era ruinoso mantenerlo abierto. Eligió venir a Cunia porque pensó que siendo la ciudad pecadora era donde más falta hacía. De eso hace 40 años y espera haber ayudado a reducir la obra del demonio.

Hermano Tobías

Tobías es amable, amigable y solícito. Es bastante joven para la media del convento, pero, aun así tiene mucha experiencia. Si la vocación no le hubiera llamado, habría sido jardinero, pero no uno municipal que poda los árboles en la calle; jardinero de algún parque exótico o de un jardín botánico. Cuanto más raras las plantas, mejor.

Lo que ha hecho en la terraza del convento es un mini milagro (o quizás la mano de Dios está en este chico). Tiene plantas de muchos rincones del mundo, algunas convertidas en bonsáis. Hay frutales, hierbas aromáticas, verduras, hongos y setas y todo ello dispuesto en invernaderos y plataformas a diferentes alturas. Es un espectáculo que mucha gente pagaría por ver, pero no está abierto al público. Los PJ con conocimiento botánico podrán admirar la belleza y dificultad de la instalación y sabrán que ahí trabaja alguien muchas horas al día. Si superan la correspondiente TA reconocerán algunas plantas y bastantes venenosas.

Si le preguntan por las plantas venenosas, confirmará que lo son sin ningún pudor, y comentará que los venenos son, en realidad, especies. De hecho, muchas especies aromáticas que utilizamos a diario pueden ser venenos con la preparación y recolección adecuada.

Nota: si alguno de los personajes tiene alergias o algún tipo de enfermedad respiratoria, lo pasará muy mal en la terraza.

Una TA de Descubrir o de Alerta les hará darse cuenta de la existencia de un saco de 25 kilos de cal viva. La cal viva se utiliza para bajar la acidez del suelo y también como fungicida y bactericida. No es raro que esté en un jardín, pero quizás es un tamaño demasiado grande para una terraza ya montada como la suya. Si le preguntan, les dirá que los sacos de 25 kilos salen casi al mismo precio que los de 10 y, total, la cal viva no caduca.

Me temo que tras la amabilidad del hermano Tobías se esconde un asesino en serie. Antes de mandarlo a la silla eléctrica (en Cunia no hay pena de muerte, por si acaso) diremos que las circunstancias de la vida de Tobías no son sencillas. Entró de novicio en un convento de Asturias, pero lo dejó. Oficialmente se le rompió la fe, pero lo que se le rompió fue el culo de los abusos sexuales de uno de los hermanos. Tobías no denunció, pero salió de la congregación y estudió su otra pasión, la botánica. Nunca fue un chico que supiera relacionarse con los demás y al acabar la universidad y fracasar en algunos trabajo aburridos, volvió a sentir la llamada de la oración. Pensó que en Cunia a nadie le importaría su pasado y acertó. Entró como novicio y acabó como un hermano más de la congregación, pero nunca olvidó los malos tratos sufridos en su primer intento.

Estaba tranquilo, pensaba que Dios le había perdonado (ya sabéis que en estos casos las víctimas tienden a culpabilizarse) hasta que escuchó al hermano José hablando bien de los profesores y cómo los niños le habían dicho que eran muy cariñosos. Tobías reconoció las señales como cualquiera que ya las hubiera vivido antes y entonces comprendió qué hacía allí y por qué Dios le había llevado a ese lugar.

Investigó a todos los «profesores» y uno a uno los fue eliminando para castigarles por sus crímenes. No se sintió como un asesino, sino como la mano de Dios ejecutando sus deseos. Podría haberles denunciado, pero no deseaba exponer más a la Iglesia, bastante ha tenido en los últimos años. Dios no querría que se debilitara más.

Para matarlos se aprovechó de una combinación rara de sus plantas medicinales, no utilizó solo una: La malliendus provoca cierta somnolencia leve que anima a las víctimas a irse a la cama; la barrachido es una planta del Amazonas que un fallo en el sistema sanguíneo (un veneno que utilizan algunas tribus de la zona; y la quirina provoca que las otras sustancias desaparezcan del organismo pocas horas después. Si se buscan específicamente estas sustancias (sobre todo la última) se encontrarán en una autopsia, pero sin signos de envenenamiento es raro que un forense municipal (que tiene otros 20 casos esperando) se moleste en buscar cosas raras). Y Tobías sabía que el inútil del doctor no lo buscaría, pero sabiendo de sus tejemanejes con farmacéuticas, le presionó para que firmara los certificados de defunción sin fijarse en detalles.

Nota: los nombres de la plantas son inventados. No queremos que hagáis experimentos en casa.

¿Y por qué mató a fray Tomás? Para explicar la muerte de este último hay que comprender que Tobías ya llevaba cuatro muertos y que su capacidad de discernir lo correcto de lo incorrecto estaba fallando. La culpa, sin embargo, es del doctor que le comentó que el fray Tomás le había hecho varias preguntas sobre las muertes y las plantas medicinales, como si supiera algo. Tobías entendió que si se desvelaban los asesinatos, los pederastas quedarían como víctimas y no como criminales y trató de evitarlo de la única forma que sabía: envenenándolo también. Poco podía imaginar que aquello despertara la curiosidad del hermano Andrés en el obispado.

Otros hermanos

Hay bastantes más hermanos en el convento, pero sus tareas son ayudar a los demás, ya sea dando clases, en el aula informática o en las tareas propias de limpieza y demás. No se molestarán con los personajes y no serán desagradables salvo que empiecen a lanzar acusaciones o indirectas sin control. Por lo general serán silenciosos y solo hablarán si les preguntan directamente. De hecho, cuando ven a los PJ recuerdan que tienen algo importante que hacer en otro sitio. Quizás tengan que perseguirlos.

El convento sigue un turno rotatorio para todas las tareas, salvo aquellas que tienen un responsable asignado: el aula de informática, el jardín, las clases o la cocina (este último es el hermano Carlos). Para saber quién está (o a quién le corresponde estar) en cada momento y en cada sitio utilizan un registro al que llaman el diario de las horas y donde se puede saber quién ha hecho la lectura de la comida, quién ha puesto la mesa, quién ha fregado, quién ha servido la comida a los hermanos, etc.

En el libro de las horas hay una pista bastante clara de quién ha envenenado a los ancianos. El hermano Tobías ha servido las cenas todos los días previos a la muerte del anciano. No siempre que sirve la cena muere alguien, pero siempre que muere alguien, él ha servido la cena.

Forense de la policía

El informe del forense no dice nada que no sepan: fray Tomás murió de un ataque al corazón. Si hablan con el forense (si tienen un contacto con la policía), les dirá que no hizo la autopsia más allá de un examen visual. No había motivos para sospechar de una muerte no natural. Naturalmente no hay examen toxicológico.

Exhumar el cadáver para hacer las pruebas será algo más complicado. Tendrá que tener claro quién, cómo y demás, incluso haber detenido al culpable, para que un juez autorice exhumar un cadáver cristianamente enterrado. Esta exhumación sería más cosa del fiscal para conseguir pruebas físicas para el juicio. Hay que reconocer que la labor de investigación de los PJ se basa en pruebas circunstanciales (suficientes para el prior, pero insuficientes para la justicia, afortunadamente).

Buscando información

La información de las expulsiones de los ancianos fallecidos no está en internet. Estamos hablando de casos ocurridos hace 20 años o más y la posibilidad de encontrar información de casos sobre los que echaron arena es muy complicada. Si ponen el nombre del fallecido en Google es probable que le salgan muchos anuncios e información de otras personas.

Sin embargo, hay una cosa llamada hemeroteca donde se guardan los periódicos nacionales y locales. Conocen la fecha del traslado a Cunia y la ciudad desde a que vinieron. Con todo ello pueden rebuscar en la hemeroteca de Cunia (TA de Buscar datos) y localizar algunos periódicos que hablan de casos de abusos en determinada congregación. No todos los casos están claro estos de los abusos ni su relación con los fallecidos, pero sí que podrán hacerse idea de un patrón. Nunca serán noticias de primera plana, siempre pequeños artículos en páginas interiores. Este trabajo de investigación les llevará días.

Otra posibilidad es hablar con los priores de las órdenes de dónde vinieron los fallecidos. Lo normal es que el prior no sea el mismo que había antes y casi seguro, el prior se negará a decir nada a unos desconocidos. La presencia del hermano Andrés ayudará (mejor si pones la llamada de teléfono en manos libres para que los PJ puedan oírla), le comentará al prior que está en una misión del obispo y que los últimos papas han repetido en varias ocasiones la necesidad de no ocultar estas cosas. Es una apuesta arriesgada por parte de Andrés porque si el caso se resuelve con un escándalo, el obispo será señalado públicamente y Andrés tendrá problemas en su trabajo.

Pueden tratar de hablar con los padres de los niños a los que los ancianos dieron clases. Ni el prior del convento, ni el hermano José ni, si me puras, el hermano Andrés verán con buenos ojos esta jugada. Les atenderán, por supuesto, pero negarán cualquier cosas sucia de esas que insinúan. Cuando se hayan marchado, los padres se quejarán al hermano José, este al prior, este al obispo y serán llamados a su despacho para escuchar una reprimenda. ¡Qué es lo que no entendieron de tratar todo este asunto con discreción!

Lo que sí podrán encontrar por internet son los nombres de los medicamentos experimentales. Comprobar que son todos de unas pocas farmacéuticas y saber que no están en vigor aún, solo en fase de pruebas con humanos voluntarios.

Cerrando el caso

Los personajes ya saben todo y ha llegado el momento de acabar la investigación. Es bastante probable que hayan olvidado a qué les había mandado allí (a investigar) y decidan detener o hacer que alguien detenga al culpable. Salvo por una de ellas recibirás todos (incluso el hermano Andrés) una reprimenda tipo: ¡Qué es lo que no entendieron de tratar todo este asunto con discreción!

Detener al boticario

Si tratan de detenerlo, huirá. La única forma de atraparlo es prepararle una encerrona para que no se pueda escapar. No olvides que él sabe que es culpable y que sabe que lo estáis buscando, cualquier argucia poco imaginativa la olerá a kilómetros de distancia y huirá.

¿Y dónde huirá? Pues al jardín de la terraza que es el lugar donde se siente seguro. No se entregará, primero porque tiene miedo a la autoridad y segundo porque cree que si le detienen, los culpables pasarán a ser víctimas y su trabajo será vano. Tratará de suicidarse, ya sea arrojándose a la calle (es una altura suficiente para matarse) o echándose encima un saco de cal viva que, curiosamente, tenía preparado. La muerte por cal viva es horrible. Te quemas por dentro y por fuera y el hermano Tobías gritará como si le estuvieran arrancando el alma con un cepillo de púas. Don Anselmo no podrá hacer nada por él salvo darle una generosa inyección de morfina para que muera sin dolor.

Se puede impedir el suicidio, déjales que lo hagan, pero lo que será imposible es evitar que el suicidio o intento de transcienda a los medios. La terraza está a la vista de muchos vecinos de los alrededores (de hecho, es una vista agradable) y llamarán a la policía en cuanto vean a no religiosos atacando a uno de los hermanos. Sí, los PJ serán los malos en esta ocasión.

Avisar al prior.

El prior ordenará a uno de los hermanos que le diga a Tobías que vaya a verle. Este se olerá la tostada, subirá a la terraza y se suicidará si no se lo impiden. El resultado será el mismo que antes.

La única forma de evitar que huya será que quién se lo diga sea el médico. Tobías no confía en él, pero por la cuenta que le trae (sus chanchullos en el convento) creerá que no lo está entregando. Quizás los PJ han descubierto suficientes cosas como para chantajear ellos al médico.

Avisar a la policía.

Mala idea. La policía se presentará con dos unidades móviles de los noticiarios locales. Sea detenido o se suicide, la noticia aparecerá en todas las cabeceras de noticiarios de la ciudad y, al día siguiente la nacional y, por último, en el Vaticano.

Avisar al obispo o al secretario

Esto es precisamente lo que le encargaron. Arreglarán el asunto internamente y nadie sabrá nunca lo que pasó entre esas paredes. Al año siguiente, el convento cerrará sus puertas, el obispado venderá la propiedad a una importante cadena hotelera.

¿Qué ha pasado?

Veréis… esto es Cunia y todos tienen intereses propios. El obispo estaba cansado de recibir buenas ofertas por el edificio, pero para poder venderlo necesitaba el visto bueno del prior. Siempre que se lo pedía (fuera cual fuera la oferta y las había muy generosas con el traslado de la comunidad a otras instalaciones más modernas), el prior decía que iba a considerarlo. Al cabo de dos días o así, el obispo recibía una llamada en la que la promotora renunciaba al proyecto y hacía una donación importante al convento.

El convento trabaja para algunos de los mafiosos locales. Digamos que les lleva la contabilidad. No esa contabilidad que se presenta en Hacienda, la otra, la que no puedes tener anotada. Cuando el prior recibe la llamada del obispo, llama a sus clientes y les comenta que le han hecho una oferta y que quizás tengan que cerrar sus actividades. Un día o dos después la oferta es, misteriosamente, retirada.

Sin embargo, el escándalo de las muertes y de la pederastia es lo suficientemente importante para poder quitar al prior de en medio, nombrar a alguien de la cuerda del obispo y aceptar la siguiente oferta. Habrá cierto escándalo por privar a la comunidad de los servicios del convento (muchos padres se quedan sin profesores para sus hijos), pero no irá a mayores.

 
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